Vientos Incas | KM: 3689

«DÍA 82»

Trujillo, 6 de julio de 2010

Ingresé al Perú por La Balsa en la ruta que de Zumba (Ecuador) conduce a Namballe, frontera aislada en la entrada a la Amazonía del místico país; “un gringo, un gringo” te gritan los niños, la señora en el mercado y el desprevenido transeúnte…las miradas son nuevas, las manos campesinas, incluso alguna forma de agresividad, se siente el rigor en estos primeros días. 

La esperanza de muchos está escrita en las paredes de barro de sus casuchas: “Pedro Montezuma García: Alcalde 2011-2014, el Perú avanza”… pero nada cambia, comentan estas gentes de tez quemada; la historia de América Latina.
Lentamente voy ascendiendo y adentrándome por imponentes cañones, erosionados por el viento y el agua durante eones, magnas formaciones montañosas te indican que la fuerza de la naturaleza es aquí, una placa sobre otra, un color sobre otro, rocas retorcidas por el empuje de colosales vibraciones interiores que buscan emerger desde el mismo núcleo.
Hace más de 1000 años la feroz etnia de los Chachapoya, gente guerrera, alta, de tez “blanca” y de mujeres hermosas ocupó algunas de estas tierras del nororiente peruano en cercanías a la selva; ni Incas, ni españoles lograron subyugar la fortaleza de Kuélap (antigua ciudad y recientemente descubierta, que alimenta además el mito de las ciudades perdidas de El Dorado y El Paitití), sólo las enfermedades que trajeron los enfermos, provocaron su extinción.
De piedra o de barro, de granito o de adobe, un incomparable conjunto de imponentes templos, palacios y ciudades, son las huellas que permiten conocer más y mejor a las antiguas civilizaciones que hace apenas unos siglos dominaron estas tierras, así como sus concepciones de la vida, del mundo y del hombre.  Tales evidencias de un esplendoroso pasado se han resistido a desaparecer, como si hubieran sido levantadas para abolir el tiempo y legar al futuro lecciones inagotables de fuerza, sabiduría y organización, rodeado además cada lugar de caprichosas y variadas formaciones montañosas, cascadas, lagunas, desiertos, valles, ríos, de la maravillosa, incomparable e irrepetible fuerza creadora de la PACHAMAMA.
Saliendo del gran Reino Chachapoya y a la altura de Leymebamba, a donde se llega por todo el valle del río Utcubamba, por carreteras secundarias, estrechas y abismales, emprendo de mañana el pedaleo al Calla Calla, que con sus 3.600 msnm, mantiene una neblina permanente y vientos helados, 30 Km de un serpentín ascendente.
Luego y sin tregua viene el descenso, curva a la izquierda, a la derecha y así sucesivamente, recovecos polvorientos y peligrosos hasta la localidad de la Balsa, un oasis en medio de la nada, fueron 60 Km sin dar un giro a la biela, gracias a eso que existe desde un principio y que solo un hombre despierto en su conciencia llamó gravedad; no has terminado de digerir imágenes, sensaciones y en frente tuyo en una cicatriz que el hombre ha hecho a la tierra, una línea caprichosa indica la ruta a seguir, 30 Km de un zig zag interminable nuevamente hacia arriba y que te conducen a Celendín, un vallecito de coloridos campos, de hombres que aran la tierra mientras guían a sus bueyes, de mujeres que hilan cuando caminan con sus hijos a cuestas, de vendedores ambulantes de mote, maní o helado… gran jornada esta que nunca olvidaré.
Cajamarca aún ciudad de oro, con su gran plaza de armas, me recibió en los días siguientes, fue en este lugar donde un tal Francisco Pizarro dio captura y muerte al Señor de estas tierras: Atahualpa, el “ultimo” Inca.  Solo unos cuantos vestigios quedaron de la gran ciudad triangular que acá se había erigido: la casa del rescate, la silla y los baños termales del inca y un par de necrópolis.   Hoy grandes iglesias y casas coloniales en un trazado cuadrado como todas las ciudades fundadas por los españoles, recuerda la importancia de este lugar para quienes acá vivían y para quienes llegaron arrasando por el brillo del enceguecedor metal.
Nuevamente me dirijo a la costa luego de un par de días de reposo, estoy en Trujillo  en la famosa Casa de Ciclistas de “Lucho”, que acoge a los diferentes cicloviajeros desde 1985, esta fue mi base por unos días, hice mantenimiento de limpieza y engrase en mi bici, al tiempo que revisaba junto a Anton, un francés, los próximos pedalazos, que fueron a propósito, increíbles.
“Todo en este continente aún es colonial, fucileo, aportes rápidos, en avión, tv, internet, de lo que sucede afuera, no aparecen individuos, núcleos de individualidad, todo aquí es exhalación, fucilazo, sistemas nerviosos desarreglados por el bombardeo de influencias contradictorias, siglos de colonialismo que no en balde te han hecho cobarde…”
Cada hombre tiene su proceso, cada país, cada sociedad, es asunto Karmático, el origen de esta realidad era destino, habrá que indagar más!  Qué del libre albedrío?  Qué de la mente cuántica y de la capacidad creadora del hombre?  Qué es lo que duerme nuestra conciencia cósmica y quienes ayudan a inducir este sueño?  Qué del origen celestial hecho a imagen y semejanza?  Qué del origen del hombre, de su destino y su misión?  Pues bien, llevo a cabo un par de días, y seguro lo visto, la quietud y la razón de este viaje me tienen mirando para adentro, esperemos a ver como se desenlaza esto, hasta la próxima!

Sigue pedaleando

…por el Cañon del Pato, rumbo a la Cordillera Blanca
Alto Perú
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