Pensálo “Che” | KM: 10503

«DÍA 222»

Santiago, 26 de noviembre de 2010

Luego de una pequeña escala en San Pedro de Atacama, busqué la frontera Argentina por el increíble paso Sico, había cruzado ya el Trópico de Capricornio y nuevas dimensiones regirían mis destinos pedaleros.

La mítica RUTA 40 me llevó por lugares casi irreales, donde las montañas y sus riquezas minerales dejan ver sus colores característicos contrastados y resaltados por el gran azul turquesa del cielo.
Con el fruto de la vid y del trabajo del hombre pude deleitar mi paladar y engañar un poco mis sentidos, en el Valle Calchiquies, los acogedores pueblitos con sus grandes parques y danzantes Álamos, te permiten pasar tardes encantadoras de siesta y reposo, pues el intenso calor obliga. Hace muy poco tiempo un gran río recorría el valle desde el nevado de Acay, los cientos de afluentes también se secaron y ahora solo hay puentes y avisos de cuidado con las crecientes en “Verano”. Tienen fama…
El clima y geografía acá tienen sus particularidades que para mí fueron novedad, además, son quienes determinan sin tregua el estilo de vida en el norte de la Argentina; lluvias estivales y vientos llamados zonda que se originan al otro lado de los Andes en Chile, se condensan a su paso por la gran cordillera. Secos, calientes y a grandes velocidades llegan al vecino país con temperaturas de hasta 50 ºC, y como por arte de magia al día siguiente, vientos helados del sur igualmente veloces y sonoros, bajan la temperaturas casi hasta 0 ºC.
En medio de esta franja térmica recorrí los más bellos lugares de estas tierras, entre imponentes paisajes como los del Parque nacional Talampaya y el Parque Provincial Ischigualasto, donde magníficas esculturas en barro o roca que el agua y el viento han labrado durante miles de años, te hacen sentir emociones inexpresables, inclusive la riqueza paleontológica de este sitio te transporta al periodo triásico de la era mesozoica, donde los primeros mamíferos y dinosaurios correteaban por este lugar.
Un gran instante de esta travesía por la maravillosa Sur América, nuestra América, fue cuando antes de llegar a Calingasta y por todo el valle del río San Juan, 10 caballos guiados por un imponente macho “alfa” blanco, cabalgaron junto a mi casi 10 km, vaya usted a saber que querían, lo que si se es que la sensación que incluso aún tengo es de gloria, respeto, jubilo, amor a la naturaleza y a cada uno de los “seres” que en ella hay. Viene a mí el recuerdo de unos esos seres, que indudablemente es y será un referente para todos aquellos que queremos vivir en libertad plena, en igualdad de beneficios y de una manera responsable con nuestro gran hogar, él  recorrió en su motocicleta estas mismas rutas y a su paso descubrió la magia de la vida y también las cosas de este mundo, cosas que yo también he visto y que me motivan a escribir estas palabras.
“Necesitamos repensarnos, crear un hombre nuevo, un hombre educado y es esta la base, la educación, donde podamos verdaderamente  transformar nuestras conciencias, para que así lo hagan las diferentes estructuras sociales, las instituciones políticas y el régimen existente en todos nuestros países, esa transformación solo puede ser producida si somos capaces de eliminar el trabajo como forma desintegradora de la personalidad humana, y de suprimir la dominación de las clases, como dijo el hombre de la estrella en la boina, hasta la victoria siempre…”
El gran “Aconcagua”, me vio pasar, me coqueteó, me envió señales. Allá en las alturas hay algo, momento intenso este; rodeado de montañas multicolores subí por la antigua ruta 7 al paso del Cristo Redentor, antigua vía que unía a Argentina con Chile y símbolo de hermandad entre los 2 países. Algunos derrumbes, nieve, viento, la soledad y la más maravillosa vista de los Andes fueron la antesala para disfrutar de la gran cima, de la cordillera y columna vertebral de América, de la inmensidad y de la alegría de vivir.
Sorprendido me encuentro hoy en Santiago de Chile, luego de pasar por Viña del Mar y la encantadora Valparaíso, donde pasé momentos insuperables con una bella y típica familia chilena.  Es un bello país donde todo parece funcionar, un intercambio comercial creciente con sus vecinos, autopistas excelentes y bien señalizadas, una explotación minera en apogeo y con precios al alza en los mercados mundiales, frutas de todos los colores y con la misma medida “estándar”, casi de laboratorio, el agro, el comercio, las empresas de manufactura y públicas, todas parecen trabajar al unísono y en red.
Algunos hermosos pueblitos  me indican con sus también estandarizados diseños, el origen de algunos inmigrantes que han llegado en otras épocas al país austral y la influencia que tienen, hay empleo y oportunidades, y una gran capacidad de endeudamiento (no de ahorro, entiéndase bien) que se ve reflejada en un amplio, renovado y cada vez mayor parque automotor.
Acá en la capital la cultura Pro-Bici es un hecho y seguramente responde a un profundo cuestionamiento del sentido de la vida en urbes cada vez más deshumanizadas, representa una mirada integradora sobre la interrelación existente entre formas de movilidad, uso del espacio público, modelo de ciudad y calidad de vida.  Uno de los actores que más aporta para que esta sea una ciudad más humana es el Centro de Bicicultura, quienes además me han recibido como si fuera uno de ellos, esa es la Hermandad de la Rueda que nos debería unir a todos en un mismo objetivo.
Finalmente debo de decir que en un par de horas partiré al Sur, Sur, son ya más de 10.000 Km de recorrido en los que cada vez más encuentro la bondad de nuestro planeta, su belleza y la interrelación que existe entre todos los que en ella vivimos.

Sigue pedaleando

…entre glaciares y paisajes lacustres
Patagonia inhóspita
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