Patagonia | KM: 14603

«DÍA 299»

Punta Arenas, 10 de febrero de 2011

Villa O’higgins, conocida por ser el fin de la carretera austral, es la puerta de entrada a los glaciares del campo hielo sur.  Llegan allí científicos, expedicionarios y aventureros en busca de develar los secretos de la última frontera de la Patagonia.

Acá comencé luego de varias semanas de silencio, este nuevo relato, después de una maravillosa, fría, lluviosa y asombrosa travesía por el valle del río Baker; esto mientras las condiciones del clima mejoraban para cruzar el lago del mismo nombre, en uno de los 2 barcos que tuve que tomar antes de ingresar nuevamente a la Argentina en busca del Chalten y su famosa montaña Fitz Roy, antesala además, de El Calafate y su fascinante Glaciar Perito Moreno.
Recordarán que en noviembre me encontraba en Santiago… pues bien, de allí decidí ir a la costa para acercarme a Concepción, donde un grupo de jóvenes entusiastas de la ecología y de la bicicleta me invitaron para compartir algunas de las experiencias de este revelador y único viaje; llegué a Lipimávida y por una sinuosa carretera secundaria a orillas del océano pacifico me encontré con varias ciudades costaneras (Entre ellas Conce), pueblitos, playas, ríos, encantadoras personas y toda clase de seres de tierra, mar y aire que intentan sobrevivir al lado de los grandes bosques industriales de pino y eucalipto, donde ya la vida no es, pues ni el sol entra allí en esos estrechos y oscuros espacios.
Era la Primavera y cada caminito y pequeño campo o chacra estaba lleno de color: flores amarillas, azules, rojas, blancas, alegraban a las abejas y abejorros, que con su zumbido atómico empapaban sus paticas de polen y dulces aromas, el aguilucho revoloteaba al rededor del pícaro ratoncito silvestre, la gaviota y su fácil vuelo surcaba las playas aun solitarias y frías, el felino entre las altas ramas sigiloso esperaba a su presa, y así cada uno de esos hermanos menores, disfrutaba de la alegría de vivir en armonía con su entorno.
Llegué a Carahue y vía Temuco fui a Cunco y Melipeuco con el fin de recorrer los alrededores y el Parque Nacional Conguillio, el clima no fue mi aliado y llovió 3 días, así que me fui al llamado paso Icalma a la Argentina, dejaba atrás la región de la Araucanía y daba comienzo a uno de los tramos más bellos e imponentes de este pedaleo interior, continental, universal!.
La majestuosidad del Lago Aluminé presagia grandes momentos en estos paisajes lacustres, además las bellas y blancas montañas de los andes aparecían de nuevo y por cientos de kilómetros al sur, mostrando apaciblemente que nuestra tierra se transforma lentamente a través de los milenios en ciclos casi imperceptibles para nuestra efímera vida, allí donde nace el río del mismo nombre aguas abajo seguí su torrentoso caudal, los rápidos de este grande son visitados por gentes de todo el mundo que sin temor ingresan a sus aguas en busca de la adrenalina y la emoción que seguro les ofrece la práctica del rafting, kayak, o el canotaje y otros deportes y formas de recreación y “distracción”, con las que las gentes de estas latitudes disfrutan.
El camino que va paralelo conduce hacia la tierra del pehuén (Araucaria araucana), con sus lagos cordilleranos formados hace más de 10.000 años cuando parte del territorio de la Patagonia estuvo cubierta por glaciares y el aumento de las temperaturas originó el lento derretimiento de esa gran masa de hielo. Forma valles amplios, lagos y ríos, invita además a otras actividades de comunión con la naturaleza o de simple contemplación dependiendo de la estación en que se visite. Es además, refugio protegido en algunas áreas, en el que pumas, zorros, gatos guiñas y hermosas aves aún tienen un espacio seguro para vivir.
En un abrir y cerrar de ojos me encontré acampando día a día en medio de la famosa ruta de los 7 lagos entre bosques de arrayanes, robles, araucarias y milenarios alerces, allí con eclipse incluido el solsticio de invierno anunció el inicio del verano. Eran los últimos días de 2010 y entre San Carlos de Bariloche y Esquel disfruté de la Ruta 40 en compañía de gentes de todo el mundo que en esta época recorren estas paradisíacas tierras, algunos en bicicleta.
Alister y Anna, Sebastian, Ulf y Xenia, Martin, Roger, Coralie, Feliciano, el famoso roca dura Felipe Calidad, Hugh y Pauline, y muchos otros , fueron y son mis compañeros de ruta; hoy es una despedida y mañana un nuevo encuentro, hoy solitario, feliz, reflexivo, y mañana alegremente acompañado con algunos de estos  gentiles ciclo nautas, bicionarios de la vida… cada uno con sus búsquedas y metas, cada uno con su pedaleo interior, con su necesidad de explorar, de encontrar respuestas.
De nuevo en Chile vía Futaleufú, pedaleé hasta Villa Santa Lucia, donde ingresé a la carretera más famosa de este país, La Carretera Austral. No tengo palabras suficientes para describir la belleza de los lugares por la que esta increíble vía te lleva: El poderoso río Palena, infinidad de ventisqueros, el parque nacional Queulat, el campo de hielo norte y sus encantados bosques aledaños, Cerro Castillo, el magno Lago General Carrera, bautizado como Chelenko (Aguas turbulentas) por los Tehuelches, que desagua al Lago Bertrand y luego al río Baker con su hermoso color turquesa… y así una belleza natural tras otra. Me decía un ser de luz hace días: “Sólo tú das cuenta de cómo el universo te consiente y todo cuanto en esta experiencia de vivir obtienes es prodigioso regalo que la vida entrega generosamente a quien por ella todo lo apuesta”.
Vendrían momentos que marcarían el rumbo de este viaje al interior; mientras caminaba en los senderos del Fitz Roy, recordaba la importancia que algunas cumbres o lugares de este nuestro planeta vivo tenían y tienen para varias culturas antiguas de América, del mundo, a las que con reverencia, asombro, temor y en actitud humilde se acercaban en busca de respuestas… salí de allí pensativo e inquieto.
Mientras despedía al Chalten en una mañana soleada y con una vista inigualable de la gran montaña, con viento a favor es decir en la espalda y empujando, que en estas latitudes es impetuoso, un par de bandadas de cóndores de más de 10 cada una, a no más de 20 metros, buscaban en fácil vuelo esas alturas, inigualable instante, era de nuevo el REY DE LOS ANDES. Llegué a El Calafate y ahí estaba, recorriendo los alrededores de uno de tantos glaciares que por acá hay, era el Perito Moreno, que con sus blancos hielos milenarios deslumbra, sus sonoros desprendimientos de hielo asombran, aturden, que lugar!
Casi extasiado emprendí mi acercamiento a uno de los sitios más famosos de Chile, Las Torres del Paine, fueron tres etapas duras cada una de 80Km y con 10 kilogramos más de peso (Víveres para 6 días), había viento de frente o de costado, muy fuerte, además de permanentes lloviznas; acampé en un refugio de viabilidad el primer día a 100 Km de El Calafate, el segundo en un hotel abandonado en medio de la nada y el tercero a orillas del Lago del Toro (Después del Paso Fronterizo Rio Guillermo), con la vista a lo lejos de las torres.
Ahí, ese mismo día a unos metros de la entrada al parque y después de ver cóndores, águilas, carpinteros, flamencos, zorros y zorrillos, y con temor de encontrarme un puma, avancé delicadamente y respetuoso de ese hermoso paraje, la romería de gentes del mundo casi atropella, se acercan así como yo casi hipnotizados por la imponencia del sitio, aunque cada uno con sus intenciones.
En un pequeño mirador al lado de la carretera antes de ingresar, me senté a observar detenidamente, pese a la sensación que produce un lugar así, reflexionaba en mis búsquedas, recordaba en mi mente, aquella famosa carta del Jefe Seattle, que los mejores momentos de mi viaje no habían valido un solo peso, que así como el ave reina, el agua y sus habitantes, el viento y su canción, los bosques y sus duendes y cada ser que habita la GEA son igualmente asombrosos, importantes y necesarios para que la vida de todos sea, que las respuestas no están en el exterior sino en mi interior, que el universo es tan vasto y majestuoso que en una vida no alcanzaremos a conocer la más mínima parte de esta mota de polvo que somos dentro de él, que lo natural no puede ceder ante lo artificial, que es ridículo querer atrapar cada instante de la vida en esas cajitas de retratar, pues cada uno es único, irrepetible, inmejorable… si amigos y amigas, me devolví…
Algo sucedió en mí estoy seguro. Todo cambia diría la Voz de América, La Negra Sosa, a la que hoy recuerdo con el debido respeto: “cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo, cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño, cambia el más fino brillante de mano en mano su brillo, cambia el nido el pajarillo, cambia el sentir un amante, cambia el rumbo el caminante aunque esto le cause daño, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño, cambia el sol en su carrera cuando la noche subsiste, cambia la planta y se viste de verde en la primavera, cambia el pelaje la fiera, cambia el cabello el anciano, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente, lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en esta tierra lejana…”.
Hoy en el estrecho de Magallanes, Punta Arenas, a 7 días de Ushuaia; satisfecho, tranquilo, disfrutando de ser, sin cámaras, ni bicicletas, con Sol y mar, cielos azules y nubes viajeras, arcoíris, gaviotas, patos y pingüinos, con la brisa que retumba en los oídos, sin afán, caminando desprevenido por la costanera, sentándome en cualquier acera, observando mi ritmo, avanzar ya no es tan importante, estoy imperturbable, vivo, Feliz.

Sigue pedaleando

…desde el fin del mundo hasta Mar del Plata, por la R3
Tierra de fuego
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