Gira la biela | KM: 1359

«DÍA 28»

Ipiales, 14 de mayo de 2010

Era la madrugada del 17 de abril de 2010 y aún estaba oscuro. Había movimiento en casa pues nadie concilió el sueño ese día, mi corazón comenzó a latir más fuerte.  Tenía miedo y estaba nervioso. Empaqué en las alforjas y terminé de ajustar algunas cosas en la bicicleta.  Se iniciaba el gran viaje…

Conmovido por la emocionante despedida de familiares, amigos, patrocinadores, medios y entusiastas amantes del vehículo cósmico; todos transmitiéndome energía y buenos deseos. En la ruta a Fredonia más de 150 ciclistas me acompañan este primer día, fueron 48 Km. ¡
¡Oh libertad que perfumas las montañas de mi “tierra”!  El municipio de Jardín fuente de aguas, flores, bellas mujeres y una imponente plaza central,  nos recibió con calor y alegría al día siguiente. Rumbo sur junto a varios aventureros (Pacheco, Pava, Marinela, Camilo y otros) quienes decidieron acompañarme desde allí y en los primeros pedalazos.  “Trepamos sobre el lomo andino, allá abajo, en ese vallecito de mi tierra natal enmarcado por altas cordilleras, en la altura, reímos alegremente…” avanzamos hasta Anserma y en algún al borde de carretera, hicimos campamento.
Giraba la biela a Salento en pleno eje cafetero, bordeamos Armenia y así fue como llegamos al Valle del Cócora. Es un agradable lugar, montañas precordilleranas, aguas abundantes, danzantes palmas de cera, loros orejiamarillos en bandadas y constante algarabía, y demasiados turistas para mi gusto.  Era el primer día de descanso y de lavar ropa. Han sido momentos felices, el ir acompañado, seguro ha facilitado el inicio de este viaje.
Hoy ya es 24 abril, decidí hacer el paso de la línea, sentí los primeros dolores en la empinada subida, solo deseaba llegar a la musical y caótica Ibagué. Bajé de la montaña al gran Valle del Magdalena entre grandes extensiones de campo ganaderas, cultivos de sorgo, arroz y algodón que dibujan el paisaje, pedaleé 173 Km hasta Aipe, a orillas del gran río y del árido, solitario y encantador desierto de la Tatacoa, que en sus noches claras y frescas señala el camino de nuestro origen cósmico con un gran cielo iluminado de estrellas.
La fértil e histórica San Agustín es un lugar simbólico para mí, encumbrada en hermosas mesetas y más arriba el macizo colombiano, lugar donde nacen las grandes aguas de nuestro país.  Llegó el momento de las despedidas definitivas pues Daniel y Hernán regresan.  Me quedé un par de días disfrutando de la casa de ciclistas de Igel y Paola, de su hospitalidad, además allí sembré mi árbol en el bosque de cicloviajeros. Aproveché para recuperarme de los dolores que no se iban, algo de reposo, estiramientos y leves masajes me sentaron muy bien.
Mocoa, capital del Putumayo y una de las entradas a Amazonia, es uno de los objetivos. Allí nace la famosa ruta que algunos llaman el Trampolín de la Muerte, una de las carreteritas más agradables que tiene nuestro país (ahora que no está pavimentada). Era casi el medio día y ya había pasado el mirador, próximo al alto “Filo Hambre” al que llegué sin saber pues la neblina era espesa.  Imponentes cumbres selváticas, recovecos y altos miradores te enseñan sobre la humildad, la perseverancia, la voluntad y el silencio. Me interné en el lugar, subí, bajé y nuevamente me trepé, estaba en el alto de la Siberia, eran las 6:00 p.m., las gotas de agua comenzaban a caer y hacía algo de frío, abajo Colón, San Francisco, Sibundoy y Santiago comenzaban a encender sus luces.
Místico Valle del Sibundoy, lugar de taitas y plantas sagradas que permiten entrar en los mundos sutiles; un poco más arriba el páramo de Pasto, proveedor del líquido vital, custodiado por los delicados y centenarios frailejones que te dan la bien llegada a la minifundista y hermosa tierra nariñense. Variedad de cultivos adornan las laderas de  la Laguna de la Cocha, así como bellas embarcaciones de colores que recorren los canales que la circundan. Hoy después de ir a la isla de la Corota en compañía de las bellas y sencillas personas de la región, me recojo muy temprano en el hostal, disfruto del calor de la chimenea y de la mejor trucha ahumada que haya comido.
Próximo al hermano Ecuador, estoy en la ciudad fronteriza.  Hoy encontré un par de cicloviajeros que suben desde el sur en una bicicleta tipo tandem, sus rostros están iluminados, su luz me da un leve impulso para continuar, tengo algo de temor del paso por Rumichaca, mañana en cierto modo comienza el verdadero viaje…

Sigue pedaleando

…por el país de la línea ecuatorial
Entre volcanes
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