Cruz del sur | KM: 18641

«DÍA 378»

Mar del Plata, 29 de abril de 2011

Pedalear el alma, “del macro al microcosmos, separarme del mundo externo para ahora hacer énfasis en lo interno, retirarme de las desesperaciones de la tierra perdida, a la paz del reino eterno que allí existe”; vaya camino difícil, que peligroso oficio este del descubrimiento de sí mismo…

Que hay aún en mi de los años maravillosos, de la magia de la niñez con sus ogros y ayudantes secretos, con sus potencialidades, semillas de oro que nunca morirán, buscar en el sueño eso que se mueve con sutileza en el inconsciente, como acceder al símbolo, al arquetipo que habita detrás de ese dolor intenso en el Talón de Aquiles que hace unas semanas atrás, casi acaba con este llamado a la aventura.
En cada lugar aparecieron esos ayudantes, seres encantados disfrazados de personas que con sus palabras o acciones me han permitido avanzar y cruzar los umbrales flanqueados por gárgolas colosales, dragones o leones, a veces mentales, en otros casos físicos. “El camino es fatal como la flecha, pero en la grietas esta Dios que acecha”, así diría aquel Argentino en el prólogo al libro de las mutaciones.
Retomé la senda y en barco crucé el estrecho mal llamado de Magallanes, desde Punta Arenas a Porvenir, la compañía era más que grata, los encantadores Hugh y Pauline. Estábamos en la isla más grande de Sur América, mundo insular al que conocemos como Tierra del Fuego, el fuego que los Onas mantenían encendido a lo largo de estas latitudes y en las frías y estrelladas noches patagónicas.
El dolor no se había ido, fue aún mayor y en un cambio rápido de planes me dirigí a Río Grande, mis amigos iban en busca del Pingüino Emperador, yo del hielo y el antinflamatorio… fue allí donde me crucé por fin con Jamerboi, referente y amigo, uno más de esos científicos “locos” que se propuso pedalear con causa, un capo de la carretera, un argentino, único y macanudo.
Días después llegó Coralie, la pequeña grande francesita que desde Colombia buscaba llegar hasta los confines de estas tierras en su bicicleta, rodeado de amigos y haciendo de tripas corazón empujé hasta Ushuaia, disque en el fin del mundo, de allí y haciendo un gran esfuerzo, posando para la foto, pues el dolor era intenso, pedaleé hasta Bahía Lapataia, sitio simbólico donde termina la ruta, la carretera más al sur del planeta.
Los sentimientos eran encontrados, aunque había una sensación de satisfacción no era la alegría que en sus rostros reflejaban todos los bicionarios que acá cumplían sus metas radiantes, sonrientes, felices, llenos de vida y de donde emprendían su regreso a casa: Ana la Reina de Holanda y su cortes caballero australiano Alisther, los locos encantadores ingleses H&P Symonds, La Biciclete Latine, los austriacos Phillip y Valeska, y algunos otros seres de luz son amigos de eso que la biela me ha dejado.
Después de muchos días de absoluto reposo, con el pie hecho escarcha por la terapia criogénica y atontado por los falsos medicamentos, comencé el regreso a la tierra prometida, el dolor era todavía leve, la inflamación mínima, luego de un par de días dejé de ponerles atención y desaparecieron; comenzó de nuevo el disfrute, y esa, mi sonrisa estaba allí, la cámara y su clic, la biela a girar y ya bajo mis ruedas la temida Ruta 3 me mostraba el camino al norte.
Eolo en estas planicies es furioso y caprichoso, cuanto y hasta donde avanzas depende de él, un día de esos en el que el elemental jugaba con mi cuerpo de un lado a otro, después de 4 horas de estar encima de mi caballo y de solo haber logrado avanzar 16 Km, me senté al borde de la carretera, sin poder respirar y con el estruendoso zumbido del viento en mis oídos, casi me doy por vencido, me preguntaba que hacia allí en ese extraño lugar, avancé un poco más y detrás de un pequeño montoncito de tierra arme mi carpa, dejé pasar ese momento, pues si hubiera dado más cuerda a mi cuerpo, a mi mente o a mi nave, todo se hubiera acabado, vaya momento.
Recuerdo observar en la noche la Vía Láctea, Sirio y la inconfundible Cruz del Sur que acá te marca claramente las direcciones cardinales y el rumbo, ayuda de marineros como ahora para el ciclista del alma.  Luego del equinoccio del 21 de marzo, el otoño hacia su entrada, esos días largos de verano en los que aún a las 10 Pm tienes sol comenzaban a variar rápidamente, ahora son cada vez más cortos, los árboles y sus hojas cambian de color, la tierra se traslada alejándose del padre, del padre Sol, el frío comienza a penetrar en tus huesos… la naturaleza es un fenómeno de cambios permanentes.
Otro Charles que antes pasó por acá y que con sus puntos de vista y semirevelaciones expuso su teoría de evolución de las especies, venía a mi mente, decía  en uno de sus libros “Viaje del HMS Beagle” sobre estas tierras: “… encuentro que las planicies de la Patagonia, cruzan frecuentemente delante de mis ojos, aun cuando esas planicies están signadas por lo miserable e inútil. Ellas sólo pueden describirse en términos negativos, vacías, sin agua, sin árboles, sin montañas, apenas unas pocas plantas empequeñecidas. Por qué, entonces, y no sucede sólo en mi caso en particular, han tomado estos áridos desiertos un lugar tan firme en mi memoria?”
Es verdad que este lugar ingresa a tu psique, no dejas de verlo, de sentirlo… sin embargo en él hay vida, poca pero increíble, lo triste es que está desapareciendo a una velocidad inimaginable, guanacos, ñandus, chingues, zorros, piches, pumas y todo tipo de aves, mueren a manos de las grandes mineras de oro y de  otros minerales que hay ubicadas en estas zonas, mineras gringas, canadienses, europeas que aprovechan los beneficios que les dan nuestros vendidos gobiernos para extraer esas nuestras riquezas y todo lo que de allí salga.
También son víctimas de los grandes estancieros de ovejas y ganado, que consideran a estos seres plagas y que en ciertas épocas, además, tienen licencia para matarlos pues hay temporadas de caza, los que aún sobreviven corren el riesgo de ser atropellados por los vehículos que transitan esta ruta a grandes velocidades sin ninguna tregua, es todo un cementerio. Hombres como Darwin, que necesitaron ver con sus propios ojos, clasificar y rotular para luego confeccionar un inventario calificado y dominar para ubicarse a la cabeza de todas las especies y que con su ciencia reemplazaron a los Dioses, nos tienen metidos en este asunto de ahora, sobrevivir.
Pedaleé hacia algunas ciudades sobre la costa atlántica por pampas interminables: Río Gallegos, Puerto San Julián, Comodoro Rivadia, Trelew y Puerto Madryn con su bella Península Valdés, en la que por cuestiones de temporada, no tuve la fortuna de avistar la danza de las ballenas francas australes, o las increíbles orcas y la diversa fauna marina que allí tiene su hogar en determinadas épocas del año. Lugar mágico este, su ubicación, cantidad de alimento y temperatura de las aguas, la hacen propicia para la reproducción de estos gigantes seres marinos.
Río Colorado, Medanos, Necochea y hoy Mar del Plata me han permitido ir complementando una idea más acertada de la Argentina, de sus gentes y sus costumbres, de su historia… debo de agradecer la hospitalidad de todos a quienes he tenido la oportunidad de conocer, pues me han ayudado a  recorrer su país con fluidez y tranquilidad.
Los argentinos de cualquier edad, sin generalizar son personas bien informadas, sus conversaciones son interesantes y sobre temas de todo tipo, aunque el sistema no funciona del todo bien, la educación es gratuita, así como la salud y en parte los servicios públicos, costumbres como la de tomar mate, o hacer un asadito cada fin de semana, mantienen unidos a los amigos y a las familias, hay camaradería y sus relaciones son más que interesantes.
Su folclore no se reduce al tango y aunque los represente no es de todos, el bombo se utiliza para alentar al equipo, para la protesta y para el piqueteo, pues acá se la cantan al que sea, todo se celebra hasta el cumpleaños a un gato.  También tuvieron su prócer, San Martín y que decir de los escritores, las bellas mar platenses, los grandes parques arborizados de cada pueblito… me gustan estas tierras, pero ojo que hay otras realidades no tan buenas, que hacen parte de este lugar de inmigrantes, y que así como en el nuestro, nos deberían invitar cada vez más a la revolución de la conciencia, el rigor a tejido la madeja también acá en el sur…
Hace sólo unos días, he cumplido 1 año de andar con mi bicicleta por la América, de vida, nuevas y enriquecedoras experiencias que me han ido permitiendo reflexionar y reinventarme, afirmarme en mi propósito y verificar a cada instante que esta decisión fue acertada, agradezco a todos los que han participado de este pedaleo, a quienes me han tocado con sus palabras y acciones, a quienes en silencio me envían sus positivos deseos, a mi familia y amigos, a la fuerza que todo lo rodea, voy subiendo a mi ritmo, completando sin afanes esta aventura por los caminos que están allí para quien los desee recorrer.

Sigue pedaleando

…y descubre conmigo una nueva misión  sobre 2 ruedas
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