Pocos se animan a salir con sus hijos a viajar en bicicleta, a vivir una aventura en las montañas aunque sea cerca de casa. Uno de ellos es el experto piloto de “freestyle” Matt Hunter, les compartimos su última y maravillosa experiencia con su hijo Robbie, en las afueras de Kamloops, Columbia Británica.

“Siempre está pidiendo ir a montar en bicicleta y acampar y pescar”, dice Matt, “Así que eso es lo que hicimos.” Robbie va en una bicicleta Hotwalk Specialized, monta en ella desde los 13 meses de edad (hoy tiene 2 años), como está tan pequeño, hicieron algunos ajustes en el sillín para que pudiera ir más cómodo.

Producido por Matt Hunter and Matt Miles | Video por Matt Miles | Fotos por Sterling Lorence and Matt Miles | Audio por Jason Chiodo de racketsound.com | Música por Mountain town – Jon and Roy
Esta será una inspiradora historia que los invitará  a vivir este tipo de experiencias y seguro algunos no podrán contener la emoción, vendrán gratos recuerdos a la mente de cuando allí a solo un par de kilómetros de casa salían al río a pescar con sus padres o amigos, o de cuando vivían una noche de campamento bajo las estrellas en medio de una gran fogata, cosas simples, que no tienen precio y nos hicieron felices a muchos. 
Algunas ideas que menciona Matt son las de “elegir rutas suaves, caminos solitarios y no muy empinados“, así es que pueden elegir aproximarse en auto, salir con suficiente tiempo para detenerse y explorar cada cosa interesante que se presente. Él va con un trailer y esa puede ser una buena idea para llevar comida y todo lo que necesitas para una noche de campamento, incluso para llevar a su hijo en algunos trayectos, igualmente pueden llevarlas en un par de alforjas adaptadas a la bicicleta.
“Me encanta la forma en que se emociona por las cosas más pequeñas. Mira papá, es un poco de caca!” | Matt Hunter

Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016

Carlos E. Carvajal

Vivir en el hoy, en el ahora, sin afán, existiendo y nada más, viajar en bicicleta una bella forma de conocer el mundo para cambiar de ideas sobre nosotros mismos, sobre el país en el que vivimos, sobre la vida misma.

La Travesía del Nuevo Arriero es uno de nuestros tours de iniciación al cicloturismo con alforjas, en el han participado más de 60 cicloviajeros, ellos (hombres, mujeres, jóvenes, adultos, ingenieros, doctores, empresarios, estudiantes, psicólogas, administradores, amas de casa,…) se han llevado en lo más profundo de su ser una experiencia de vida que los cambio, los hizo mejores, amantes de su patria.
La última edición de este tour fue a mediados de septiembre de 2016, durante 5 días 8 aventureros pedaleamos por el suroeste de Antioquia. Desde Medellín fuimos a Fredonia por Piedra Verde, bajamos a Puente Iglesias y subimos por La Oculta a Támesis.  Por el valle de Río Frío buscamos a Jardín, además pasamos por Betania antes de llegar a Ciudad Bolívar, y desde allí regresamos a la ciudad de la eterna primavera.

Apreciados Esteban, Dariel, Los Juanes y los Jorges, León, este vídeo es para ustedes, sus familiares y amigos, para quienes están pensando en viajar con alforjas y pedalear el alma. Resultó fascinante compartir con personas tan especiales, conversar con los campesinos, bañarnos en hermosos ríos, avanzar entre montañas por el territorio que creíamos conocer, sentarnos arriba en lo alto de una montaña a disfrutar del atardecer, treparnos a los arboles de guayabas y deleitar el paladar, sentirnos libres, parte de todo…
¿QUÉ OPINAN NUESTROS CICLOVIAJEROS?
Les comparto algunos testimonios que nos han enviado los arrieros luego de nuestros tours, personas que como usted desean vivir la vida intensamente, con experiencias sublimes y enaltecedoras que los harán cada vez mejores, respetuosos de la diversidad y la diferencia.

Mujeres viando en bicicleta por Colombia

Nathalia Puerta | La travesía del arriero es una forma diferente de conocer, sentir y vivir la experiencia de montar en bicicleta; es un viaje de sentimientos, emociones y sensaciones realmente maravillosas: por los paisajes, el esfuerzo físico,  las personas que conoces, los lugares por los que pasas, los momentos que compartes, pero principalmente porque quedas impregnado de una fuerza interior y una energía, definitivamente de arriero, que nunca jamás desaparecerá de ti.
 Cicloviajero Esteban Roldan Ortiz
Esteban Roldan | En bicicleta somos más conscientes de todo; el clima, la carretera, la altimetría y demás. Se disfruta un vaso de agua como si fuera el último y el viaje se convierte en el camino y no en la llegada. Las subidas que asustaban se suben y ya. De verdad es otro rollo este viaje natural. Como dicen Los Prisioneros: ”Y no me digan pobre por ir viajando así! No ven que estoy contento? No ven que voy feliz?

Viajando en bicicleta por Antioquia

Juan Stefan Schuth | La Travesía del Nuevo Arriero superó las expectativas y desde el primer momento cumplió su objetivo: desconectarnos de la rutina y disfrutar de nuestra afición al MTB. Primero que todo un acompañamiento muy profesional por parte de Carlos, incluso desde antes de partir dando recomendaciones y sugerencias para mejorar la bicicleta y/o para optimizar el peso del equipaje. Es evidente su amplio conocimiento de la región, los sitios de interés y las mejores opciones para comer. Siempre atento a explicar los puntos de referencia y accidentes geográficos más importantes. Además, de prestar asistencia técnica en caso de necesidad.
Las cinco etapas nos brindaron emociones de todo orden: altos desafíos por sus pendientes o descensos, rutas con muy bajo tráfico vehicular, hermosos paisajes y contacto directo con la naturaleza; baños de agua fría en los ríos, tal como lo acostumbrábamos en los paseos familiares de hace muchos años; y hasta cocina gourmet con sancocho en leña.
Carlos, muchas gracias por brindarnos la oportunidad de redescubrir nuestra geografía y compartir con nuevos amigos un hobby en común. La Travesía del Nuevo Arriero es para repetir.

Cicloviajera Tata

La Tata | Mi mejor experiencia en este deporte que amo, nos desconectamos de todo aquello que contamina nuestra alma y nuestra vida. Es retarnos a cosas diferentes y convencernos que con muy poco podemos vivir plenamente. Estupenda compañía y un asesoramiento de lujo ! Añoro muy pronto poder tener esta nueva oportunidad. Y agradecida con mi hermano y la vida por darme la oportunidad de este estilo de vida, valga la redundancia.

Viajado por Colombia en Bicicleta

Juan Camilo Carvajal | Al viajar en bicicleta siento que mi cuerpo se transforma en alas… vuela… ya que cada parte del cuerpo debe activarse y ser consiente del instante presente, y es así, la bici un instrumento magnifico de meditación que te enriquece con cada detalle del paisaje y te exige a estar Despierto-Iluminado. Sensaciones que son reciprocas con los seres que te encuentras  a tu paso.

Viajando en bicicleta electrica por Colombia

Jorge Duperly | La Travesía Nuevo Arriero ha sido una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. No solo fue un reto personal, a mis 61 años, de recorrer más de 300 kilómetros en bicicleta por los terrenos más escarpados de nuestra geografía sino un paseo excepcional donde pudimos disfrutar de cerca los más extraordinarios paisajes del suroeste antioqueño…

Carlos E. Carvajal

Después de varios meses de pensarlo, por fin salimos de viaje en nuestras bicicletas. Fue una travesía corta en el suroeste de Antioquia, sin embargo, estuvo llena de instantes inolvidables. Era el primer viaje de Clarita en bicicleta…

Hace ya un par de años que conozco a Clara, mi novia ! Sin meternos en muchos detalles diré que ha sido una relación con subidas y bajadas, primero en la ciudad, pues nuestros primeros pedalazos los dimos en Medellín en La Fiesta de la Bici, otros en las montañas de Jardín Antioquia, un lugar excepcional para practicar Ciclomontañismo.
En julio de 2015 venia viajando con Pietro un amigo que apenas se iniciaba en el cicloturismo, llegando a Ventanas desde Riosucio, a unos 33 km de Jardín se nos apareció Clarita en una bicicleta que le había prestado semanas antes, sus mejillas estaban rojas pálidas, venía con un último aliento a nuestro encuentro, había salido a las 5:00 a.m., 7 horas después apareció ! Recuerdo empujarla 10 km al regreso…
Quien está en gran medida detrás de las redes sociales de Pedaleando Alma es ella, del arte gráfico y otras cosillas que son sus habilidades, es Publicista, de vez en cuando además, le endoso algún par de cicloturistas extranjeros que desean pasar por Jardín, pues generalmente me buscan porque necesitan un poco de ayuda con rutas, contactos y otros temas relacionados.
Una de mis pasiones es evidentemente el cicloturismo y ella se ha visto permeada por ello, disfruta de mis anécdotas y abandonos permanentes cuando salgo de viaje…es chiste ! Meses atrás me mencionó su deseo de hacer un viaje corto, juntos y además acampando. Realmente no le puse mucha atención, pensé que se había entusiasmado con las aventuras propias o ajenas que compartimos y que realmente son inspiradoras.
Le ayudé a comprar una bicicleta el año pasado a través de nuestros amigos de Disandina una bella GIANT Talón, la adecuamos para viajar en bicicleta y le instalamos un portaequipajes. Hace unos 2 meses completamos su equipo de viaje con dos bellas alforjas Ortlieb que le regalé para su cumpleaños. Es decir, todo estaba dado para que ese viaje fuera una realidad.
Pues ese día llegó, hace un par de semanas diseñamos la ruta e hicimos todos los ajustes para que esa microaventura fuera inolvidable, distribuimos las cargas, revisamos las bicicletas y el equipo de campamento y salimos a pedalear. Iniciamos en Jardín y nos internamos en las montañas por Morro Amarillo, hablamos con campesinos, disfrutamos el bello paisaje del valle del río San Juan y de esta tierra cafetera, el fiambre fue en Buenos Aires, un encantador corregimiento de Andes. Llegando la tarde buscamos donde acampar, un poco más allá del Alto de La raya en la vía que va a Jericó.
Nos bañamos en el río Piedras, armamos la carpa en medio del estruendoso trinar de los Loros Frentirojos, encendimos la fogata y disfrutamos un deliciosa cena en medio de una noche estrellada. Al día siguiente luego de un frugal desayuno fuimos por ese valle a Jericó, allí almorzamos, compramos unos víveres y continuamos para el río Frío en Támesis donde hicimos esta vez nuestra casa temporal.
En la mañana Sacha y Luna alegraron el inicio del día, 2 perritas juguetonas del dueño de la finca que amablemente nos dejó acampar a orillas del río. El regreso fue por una carreterita única, llena de arboles y perdida en partes por la manigua, bajamos a Andes por Cañaveral y llegamos a Jardín felices. Ha sido el viaje más bello que he hecho en mi vida…dijo Clarita.

 Carlos E. Carvajal

Conozco en cierta medida esa región de Colombia, pues en algunas ocasiones he pedaleado sus carreteras y disfrutado de sus gentes y pueblitos. Sin embargo, esto fue algo improvisado, además con una misión especial: Representar una Fundación Francesa en la 6ta Edición del FESTIVER.

Comenzaré diciendo que durante aproximadamente 2 años fui el mensajero de GoodPlanet en el viaje que emprendí por Sur América en Bicicleta. Hablé en escuelas a los niños, a campesinos y los públicos más variados sobre el agua, los bosques, la energía y otros temas, por supuesto de la bicicleta y su poder transformador también…
Este año la Fundación fue invitada a la nueva Edición del Festival de Cine Verde, sin embargo, por cuestiones de presupuesto mis amigos franceses no podrían participar, así que adivinen: fui delegado por ellos para representarlos y una vez más hablaría de la máquina de los sueños. No encontré otra manera de ser consecuente con esta nueva misión, así que decidí que me iría pedaleando y así tendría además otra de Mis Aventuras en bicicleta.
Decidí que sería bueno ir acompañado, así que convoqué interesados por las redes sociales de Pedaleando Alma y para mi sorpresa 6 cicloviajeros se sumaron. Tuve un poco de temor pues no sabía si ellos estaban conscientes de que era un viaje de 1000 Km, para hacerlos en un par de semanas y por carreteras secundarias.
Llegaron a Medellín Gladys, su esposo Francisco y hermano Jorge procedentes de Armenia, del bello municipio de Jardín Dariel y acá en Medellín Víctor y yo nos sumamos. El 8 de septiembre de 2015 comenzó esta aventura que nos llevaría a Santander; en 3 días y por carreteras secundarias llegamos a Puerto Berrio, nos embarcamos en el río Magdalena y navegamos 100 Km hasta Barrancabermeja. En un par de días más estaríamos en Barichara, bordeando la Serranía de los Yariguíes por San Vicente de Chucurí, Zapatoca y Galán, este último en las orillas del Cañón del Suarez.
En la llamada tierra de los Patiamarilos nos quedamos un par de días, Barichara es realmente acogedor y por algo galardonado con el premio a uno de los pueblitos más bellos de Colombia. Con entusiasmo ofrecí mi charla, algunas anécdotas, reflexiones y con las atenciones de Toto Vega y su esposa Norida Rodriguez pasamos de lujo.
El grupo de viajeros se separó allí, pues algunos tenían compromisos personales. Que buenos compañeros de viaje resultaron ser: sensibles, alegres, amigos, cómplices; tanto que muy pronto pedalearemos a sus tierras a saludarlos. Víctor fue mi aliado en el regreso, era su tercer viaje con alforjas y aunque todavía está haciendo ajustes para perfeccionar su estilo, incluso yo aún lo hago, es grato ver como cada vez más personas van encontrando su camino en este tipo de experiencias de vida, viajar en bicicleta con alforjas es indudablemente enriquecedor y transformador.
Tomamos de nuevo la ruta, fuimos a San Gil con el ánimo de visitar el Parque el Gallineral y en la ciudad de los deportes extremos (no nos dejaron entrar ni siquiera al restaurante, así que no recomiendo ir allí en bici), nos fuimos entonces a El Socorro. El monumento en el parque principal a Manuela Beltrán me recordó el temple de la mujer santanderiana, disfrutamos al día siguiente de la plaza de mercado donde desayunamos y tomamos fuerzas para ir hasta Contratación, por la bella vía secundaria que pasa por Simacota y Chima.
Pasamos de nuevo el Cañon del Suarez y bordeamos La Serranía de los Yariguíes. El día siguiente fue una gran jornada, difícil pero por paisajes maravillosos llegamos a Vélez. Los pueblitos que cruzamos ese día son parte de la esencia del bello Departamento de Santander, estoy seguro que en cualquier momento volveré a pasar por Guacamayo, Aguada, Chipata y La Paz a visitar a los amigos que atrás quedaron.
Temprano en la mañana salimos de Vélez, comenzamos subiendo un par de kilómetros pero sabíamos que venía una gran bajada, estraríamos nuevamente en el gran valle de río Magdalena (Yuma), pasamos por Landazury, pernoctamos en Cimitarra y al día siguiente en un trayecto digamos que de transición ya estábamos en Puerto Berrio.
El regreso fue vía Cisneros, desde allí subimos la Quiebra y en casí 6 horas de pedaleo ya estábamos en Medellín. Era el 25 de septiembre, habíamos recorrido 1110 km incluyendo los 100 que navegamos por Yuma, así fue la travesía que de Antioquia no llevó a Santander. Saben que, como dicen por ahí, Colombia es realismo mágico.

Carlos E. Carvajal

 

La incertidumbre es el camino de todas las posibilidades, es dejar que la magia que es la vida, simplemente suceda. Este corto viaje por el noroccidente de Medellín estuvo lleno de ella y en cada sitio que visitamos la alegría nos acompañó.

Era apenas martes y Pietro el cicloviajero que hace unos meses inicié en estas andanzas me llamó: “Doc vámonos a acampar 4 días en bicicleta por acá por el vecindario, eso sí pasemos por la casa del Maestro en Santa Rosa de Osos, proponga la ruta y que sea este sábado, voy con Juan…”, yo ni lo pensé, ni lo dudé, inmediatamente llamé a Víctor un amigo que sabía se sumaría y le conté algunos detalles del plan y de una el hombre también dijo sí.
El sábado 7 de noviembre nos encontramos temprano para emprender otra de las MicroAventuras que me acostumbré a hacer mes a mes, es como una adicción diría uno de los compadres con los que iba. Es maravilloso poder disponer de tu tiempo, es la libertad verdadera, claro que puede haber muchos presos de su mente. Comenzamos a subir lentamente por San Cristóbal y un poco más allá de la mitad de la mañana ya estábamos en San Félix. El clima había sido lluvioso toda la semana, sin embargo ese día, los rayos de sol salieron para dejarnos ver las mejores tonalidades de verde de esta encantadora región lechera en la que nos adentrábamos.
Almorzamos en San Pedro y después de un buen tintico, el rumbo era Entrerrios. Le dimos pasto a las vacas, observamos el segundo ordeñe del día en algunas de las fincas a borde de carretera (la madre y el padre jalando la teta, y los niños arriando los semovientes) y mientras tanto las nubes llegaron, por supuesto el aguacero también. Llegamos de noche a nuestro primer destino, ese día no hubo camping, dormimos calurosos, llenos y muy contentos ante la hospitalidad de la familia del Maestro.
Temprano al día siguiente desayunamos y rumbo a San José de la Montaña. Mi bicicleta andaba con problemas de frenos, así que en el pueblo toco buscar mecánico ese domingo y esperar el milagro, como a las 12:30 p.m. se puede decir que comenzamos nuestro segundo día de aventuras. La ruta llena de pequeñas subidas y bajadas hizo su mella, el día era fresco y no se notaba mucho afán de avanzar, paramos en el camino, hicimos unos sanduches, nos comimos algunos tomates de árbol de los cultivos cercanos y continuamos.
Eran ya las 5 de la tarde y todos estábamos expectantes pues no sabíamos dónde seria nuestro sitio de camping ese día, un poco antes de encontrarlo la hospitalidad campesina llegó, mejor dicho Doña Nora y su esposo… aguapanela y galletas para los forasteros. Ahí cerca a un par de kilómetros encontramos un lugar ideal, la cancha de futbol de la escuela veredal. Armamos nuestras carpas mientras la noche llegó, rápidamente nos dividimos un par de tareas y al calor de la fogata cenamos mientras nos reíamos ya casi de cualquier cosa.
La mañana siguiente estuvo llena de neblina y entre ella los rayos del sol, recogimos los arreos, desayunamos, un ajuste acá y otro allá, mientras los niños de la escuela comenzaban a llegar (era lunes). Inquietos, preguntones, sencillos, naturales y puedo asegurar que hasta felices de estar allí estaban todos estos pequeños aprendices.
Pasamos por Labores y disfrutamos de una hermosa carretera secundaria antes de llegar a San José, eran ya las 2:00 p.m. de la tarde cuando “aterrizamos” en el nublado pueblo lechero. Almorzamos y nos alistamos para continuar, pues la idea era llegar a uno de los corregimientos de Liborina, pasando el Alto de la Mariela a más de 3000 m.s.n.m.
No teníamos muchos datos del lugar, los mapas indicaban una carretera, pero de distancias no sabíamos y los lugareños menos: ¿Sr. Cuánto hay de acá al alto? R/ Como 2 horas, como 8 km, mentiras 10… en fin, pedaleamos 3 horas hasta el mítico alto, fueron 18 Km, la noche llegaba, el frio penetraba y la bajada era temerosa… Me adelanté un poco con Víctor y logramos llegar a eso de las 6:00 p.m. al Playón. Buscamos camping en alguna finca y casi nos definimos, entramos al parque y en una esquina me acerqué a unos jóvenes y les pregunté: ¿Dónde es el mejor sitio para acampar? Hermano en el patio de mi casa, venga vamos que yo también tengo mi carpa armada, dijo Álvaro Zapata, nuestro joven anfitrión.
Allá llegamos los 4, armamos toda nuestra parafernalia, era una casa humilde, no había agua (estaban haciendo trabajos de acueducto y alcantarillado), sin embargo; era un hogar rico en hospitalidad, cariño, amor, sonrisas, amabilidad, ternura, generosidad y más… ! Nos calentaron agua y nos bañábamos cada uno a cocaditas, nos dieron de comer y hasta postre. Esa noche llegaron más de 10 personas a esa casa, todos comieron. El eje y luz de ese hogar Doña Ana Delia, secuestrada por la guerrilla, por las AUC y no cuento más cosas de las que le han sucedido a esta mujer, pues lo importante es quien es ella hoy: Un ser que con su actuar nos dio a todos una lección de amor, un ser de luz y esperanza, un ser que refleja al campesino colombiano, sufrido, olvidado, robado, asesinado y aún bueno.
En la mañana del martes el desayuno fue trancado. Ese día cumplía años Álvaro así que le dejamos una bella hamaca de regalo, no pudimos despedirnos de él, temprano salió a dar vuelta a su cultivo de granadillas. Despedirnos de Ana fue increíble, no sé cuántos abrazos le di yo… Bajamos por San Diego a Liborina, bordeamos el río Cauca, pasamos por Olaya y Sucre antes de llegar a Santafé de Antioquia, un refrigerio y rumbo a San Jerónimo donde almorzamos, ya eran las 3:00 p.m. y un poco más de la tarde, comenzamos a subir entre retrasos pues uno de nosotros tenia fallas técnicas en la bici. Íbamos felices de regreso a casa, presupuestábamos llegar de noche a Medellín…
“Muchachos los llevo nos dijo un volquetero”, nos miramos y nos dio risa, en un instante ya había 2 de nosotros arriba del volco para recibir las naves y como si todo hubiera sido preparado llegó quien nos ayudara a subirlas, Caterpillar. Que bella que es la vida, la magia sucede a quien va en busca de sus sueños. ¿Ya se dio cuenta?. (Disfruta algunas imágenes del viaje).

Carlos E. Carvajal

Uno a uno fuimos encontrándonos en la ruta los 11 cicloviajeros (Nathalia, Marinela, Camilo, Juan Paulo, Pietro, Antonio, Edwin, Sergio, Juan Camilo, Ronald y yo) para disfrutar durante 4 días de la primera travesía del nuevo arriero por el sur oeste de Antioquia.

Los arreboles de la madrugada presagiaban un bello día. Había un brillo especial en los ojos de todos, para algunos era su primer viaje con alforjas en bicicleta. La Micro Aventura del fin de semana era una realidad, dejamos la ciudad atrás mientras propios y extraños comentaban a nuestro paso, era imposible no hacerlo, la caravana irradiaba felicidad… “para donde van” gritaba alguien desde su auto, “mira que bacano parce” decían, otros nos pitaban, o simplemente sonreían.
Muy pronto estábamos fuera del mundanal ruido en una vía secundaria, la llaman La Tolva y por ella nos dirigíamos a Fredonia (ANT), nuestro primer destino. Las primeras pequeñas subidas nos recordaron a todos la gravedad y el peso que llevábamos, me dió la impresión que varios sintieron un poco el rigor, quizás algo de susto.
En uno de los sitios donde aún la quebrada La Sinifana es limpia decidimos parar, no habíamos pedaleado mucho, pero dejar pasar un buen baño en una linda y fresca quebradita no es opción. Creo que allí se rompió el hielo, algunos fuimos directo al chorro de agua, otros tomaron un aire nuevo, comieron algo, tomamos fotos e incluso fue el momento para repartir algunos obsequios que Disandina nos regaló.
El calor ese día se sintió, así que en varias tienditas del camino el líquido mágico nos refrescó, bueno y un par de cervezas también. El grupo se estiraba en las subidas, y arriba o en algún mirador volvía y se recogía. A lo lejos Cerro Bravo nos indicó que nuestro destino estaba cerca, los últimos 3 kilómetros para llegar fueron exigentes, las 2 damas jalonaban y se iban en punta. Se notó el esfuerzo de ese día durante la cena, charlamos un poco y reímos, sin embargo, rápidamente todos fuimos a reposar a las habitaciones del bello hotel donde decidimos pernoctar, pronto todo estaba en silencio.
La alegría fue de nuevo al día siguiente, comenzamos bajando y se notaba las ganas de seguir viajando, ya éramos todos amigos, compinches. Un repecho para llegar al Calvario nos sacó una gota de sudor, divisamos desde allí el bello territorio que el Valle del Río Cauca recorre a su paso. Durante aproximadamente una hora bajamos sinuosamente hasta Puente Iglesias, la grata sensación de bajar. Me pareció que a todos se nos olvidó que enfrente estaba el Alto de las Nubes, en Jericó, la meta de ese día…
Un breve refrigerio, rebosamos las caramañolas y rumbo a La Cabaña, ruta en la que años atrás Cochise ganó la Vuelta a Colombia, una de las subidas más exigentes y bellas de estas tierras. Mientras la subíamos recordaba a Fernando González en su Viaje a Pie, “trepamos sobre el lomo andino, ya en la altura, reíamos alegremente.”
Ese día graduó a los nuevos cicloviajeros de este Tour Guiado Para Viajeros Con Alforjas, fue exigente hasta para los más fuertes. Destaco la fortaleza mental y física de todos, sin embargo, resalto y admiro la decisión, voluntad y templanza de las dos damas. Cada uno de estos nuevos bicinomadas está preparado para viajar en su bicicleta donde desee.
Al día siguiente decidimos salir un poco más tarde de lo planeado, sentí mientras íbamos por el Valle del Río Piedras la satisfacción que emanaban todos, la jornada anterior indudablemente había sido una de las pedaleadas más exigentes que algunos habían tenido en sus vidas y era ya una historia feliz para contar. Un par de kilómetros adelante el rio provocó y sin dudarlo al agua fuimos todos. Después de un rato de recocha y risas, terminamos de ascender al alto de La Raya, disfrutamos de la hermosa vista de la Cordillera Occidental y descolgamos hasta el corregimiento de Buenos Aires en Andes, allí nos esperaba un delicioso sancocho campesino. Gracias Mónica…
El día iba tranquilo, pero aún le faltaban algunas sorpresas, entre cafetales y un par de fuertes subidas llegamos a Alto Zenón, hermoso mirador natural en las tierras cafeteras de Jardín, a donde llegaríamos ese día. Toboganiando como diría un experto cicloviajero llegamos al Alto de La Casiana, de allí al municipio patrimonio de Colombia. Llegamos rayando el sol, nos ubicamos en el hotel y luego de un par de horas de reposo y un buen baño, una cena sorpresa y la satisfacción en los rostros de cada uno de estos visionarios le dió fin a esta increíble travesía.
Al día siguiente regresamos a Medellín, cada uno con una nueva idea de sus propias capacidades, de lo que es viajar en bicicleta, del concepto de territorio y de lo que vivieron nuestros ancestros hace solo unos años atrás, cuando eran ellos los que recorrían estas tierras al lomo de una mula.
Lo nuestro era cicloturismo, no la necesidad de transportar mercancías o el simple coroteo de los chécheres de la casa cuando emigraban de una región a otra para colonizar tierras. No abrimos trochas para hacer los caminos a través de la manigua. Ni traspasamos inhóspitas selvas llenas de animales feroces, mansos o traviesos, no encontramos ningún fantasma mitológico, servicial o malvado. Planeamos la salida con anticipación y una mañana cualquiera emprendimos esta pequeña odisea para revivir a nuestra manera la historia de los abuelos.
Una nueva versión de la Travesía del Nuevo Arriero ya está lista para ustedes, es en el mes de octubre, inscríbanse aquí y vengan a disfrutar de la vida viajando con alforjas.

Carlos E. Carvajal

Hace meses que vengo pensando en el concepto de “microaventuras”. Para mí son pequeños viajes cortos en bicicleta, en los que con muy poco equipo disfrutas de la vida en cualquier instante del día, redescubres los caminos, la naturaleza, los pueblitos que te rodean y a ti mismo…

Pues bien, a mitad de la semana pasada decidí que tomaría mi bicicleta en la madrugada del día siguiente. La idea, escapar de la ciudad, subir a las montañas cerca a mi casa, cocinar al fuego el desayuno y ver el amanecer. Luego, bajaría y seguiría con mis tareas cotidianas…
Fué una especie de revelación, se abrió una puerta mágica diría la “Luna”. Hoy muchas cosas me parece serán diferentes en lo que llamaré mi cotidianidad. A 50 minutos o un poco más de mi hogar, redescubrí que puedo estar en una zona de excepcional belleza natural y pasar sin afanes hermosos e intensos instantes en cada uno de mis días.
Fué fácil planear esta microaventura, quería desayunar en las montañas, así que la noche anterior seleccioné el equipo que necesitaría llevar en mis alforjas (fogón, combustible, ollas, navaja, un termo y cubiertos), quería desayunar avena, manzanas y uvas pasas, entonces lo empaqué junto con un poco de agua, azúcar y canela, pensé que sería bueno tomar algo caliente también, estaría a más de 2.500 Msnm, agregué un poco de café y aromáticas. Un corta vientos, chaqueta impermeable y las herramientas de desvare de la bici también iban ahí.
Mi mente estaba abierta, disfrutaba del aire y su olor a fresco, en el bosque de La Reserva Ecológica La Sebastiana – La Castellana. Recuerdo un halo de misterio y algo de niebla. El único sonido era el canto de los pájaros y del viento.
Una pequeña gran aventura compatible con mi ocupada vida, una oportunidad para pasar solo con la naturaleza. Un instante mucho más memorable que el que haya tenido en algún costoso restaurante. Una experiencia que durará toda mi vida. Un aventura simple, corta, y sin embargo muy espiritual.
Para ver algunas imágenes de ese día clic, aquí.

Carlos E. Carvajal

Adecuamos a la bicicleta de montaña de Pietro un portaequipajes y alforjas, hicimos algunos ajustes para que estuviera más cómodo, le enseñé a elegir todo lo necesario para llevar. En carretera, a pocos minutos de comenzar esta microaventura, vino la magia y esa sensación de libertad.

Me encontraba sentado en un cafecito del parque de Jardín, Antioquia. Tomaba un tinto y disfrutada de los bellos atardeceres de este encantador municipio, cuna del suscrito además. “Ese “man” fue el que le dió la vuelta a Sur América en bicicleta, vamos a conocerlo, le dijo Carolina al desinteresado y futuro cicloviajero”. Andaban de turismo él y sus amigos…
Fue así que conocí a Pietro. Un tipo agradable, gracioso y hasta inteligente. Su asunto no eran las bicicletas, andaba en moto y planeando viajar en ella por el sur. Pues bien, días después coincidimos de nuevo y hasta una caminata nos hicimos con un grupo de amigos a esa hermosa montaña que es Cerro Bravo. Resulté después de un par de días contándole mis experiencias y consejos de ruta, para su futuro viaje.
Mientras él andaba en su aventura, La Fiesta de la Bici crecía en adeptos en Medellín, también el movimiento de ciclismo urbano se consolidaba con otros emprendimientos ciudadanos. A su regreso en un viaje relámpago que lo llevó a Argentina el hombre vino trasformado, encontró algunos cicloviajeros y más de lo que buscaba, recuerdo oírlo decir, quiero conocer y viajar, pero más lento…
Vendió su moto y me dijo que quería ensamblar una bicicleta viajera, rápidamente le ayudé con ese tema, con él es diciendo y haciendo. A los pocos días ya estaba subiendo las Palmas, pronto lo llevé a la Catedral y a las trochitas de Caldas. Feliz andaba, tanto que comenzó a ir al trabajo en bicicleta también.
Con su estado físico en recuperación y sintiendo esas mágicas cosas que solo el que va en bicicleta puede describir, ya era hora de dar un paso más allá e intentar salir de la barrera geográfica que para la mayoría es el Valle de Aburrá. Le instalamos un porta equipaje a su nave, compramos un par de alforjas, miramos mapas, le enseñé a empacar y a definir que llevar, algunos truquitos le dije y más.
Quien verdaderamente está interesado no se queda solo con lo que le dice otro, así que leyó, esculcó y hasta un par de buenos accesorios instaló a su bella flaca. Era esta la iniciación de un cicloviajero, elegimos ir por la Tolva a Fredonia y de allí a Puente Iglesias, donde tomaríamos La Oculta para pernoctar en Támesis. Fue un día largo, llegamos de noche, pero felices.
Al día siguiente, desayunamos temprano y tomamos la ruta que nos llevaría a Río Frio, allí elegimos llegar a Buenos Aires por la carretera que nunca se terminó, faltaron 1.000 Metros. Un par de cervezas en el camino, risas y pedal. A eso del medio día llegamos al tramo aquel donde hay que cargar las bicis al hombro, para mi sorpresa el hombre quería y más. Después de llegar al pequeño corregimiento de Andes, tomamos un par de caminitos secundarios que nos llevaron a Jardín.
Al día de hoy ya hemos hecho varios viajes, incluso traspasando las fronteras del departamento. Él ha encontrado sus razones para viajar y también su ritmo, ya es alguien del camino. Estoy seguro que pronto lo veremos pedaleando por el mundo…

Carlos E. Carvajal

Durante algunas semanas iba a pedalear al ciclo corral y aunque admito que la llamada ciclovía es un escenario necesario para la reactivación física y es esparcimiento de muchos, mi deseo iba un poco más allá, quería viajar en bicicleta, romper las fronteras de ese espacio, las de algunos incrédulos y las mías propias.

La primera bicicleta de montaña “MTB” que ensamble estaba compuesta por un marco JD y un grupo Acera Shimano. Rápidamente le instalé un portaequipajes para llevar algunos elementos de desvare, una chaqueta impermeable y un par de golosinas o frutas para cada una de las salidas de fin de semana, llevar algo en la espalda no me parece práctico, ni cómodo. Con ella descrubrí los alrededores y cada camino secundario o trocha del Valle de Aburrá, incursionaba sin saberlo el mundo de las Microaventuras, pequeños viajes cortos de 1, 2 ó 3 días.
Mi primer viaje largo fue revelador. Se llegaron las vacaciones de fin de año en 2.006, ate con unas correas elásticas al porta equipajes una mochila, un par de mudas de ropa y algunas herramientas. Durante 28 días pedalee con 4 amigos por más de 46 pueblos y ciudades de Colombia, pasando las noches de hotel en hotel. Esta aventura que cambio mi vida, requirió menos de 24 horas de planificación y no implicó ningún equipo especializado.
En los años siguientes recorrí 37.000 Kilómetros por las carreteras secundarias, me enamore de nuestro bello país, de su gente, maneras y formas. La increíble diversidad centímetro a centímetro de nuestra geografía se puso a mi disposición, un conocimiento vivo se estaba incorporando en cada célula de mi ser. El esfuerzo del viajero que se propulsa con su propia energía tuvo además sus recompensas, conectado con mí ser interior, sano física y mentalmente, amando la naturaleza y sintiéndome parte de ella.
Un día de enero del año 2.009 mientras pedaleaba con amigos los senderos de la Sierra Nevada del Cocuy, en mi bella Colombia, decido emprender el proyecto de viaje más maravilloso que haya realizado «Sur América en Bicicleta». Desde el 17 de Abril de 2.010 durante 529 días, anduve 25.000 Kms por 8 países sobre la singular máquina; una experiencia bella, enriquecedora y llena de anécdotas, que reveló la que ahora es una misión: «Inspirar a otros a viajar en bicicleta».

Carlos E. Carvajal

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