Pocos se animan a salir con sus hijos a viajar en bicicleta, a vivir una aventura en las montañas aunque sea cerca de casa. Uno de ellos es el experto piloto de “freestyle” Matt Hunter, les compartimos su última y maravillosa experiencia con su hijo Robbie, en las afueras de Kamloops, Columbia Británica.

“Siempre está pidiendo ir a montar en bicicleta y acampar y pescar”, dice Matt, “Así que eso es lo que hicimos.” Robbie va en una bicicleta Hotwalk Specialized, monta en ella desde los 13 meses de edad (hoy tiene 2 años), como está tan pequeño, hicieron algunos ajustes en el sillín para que pudiera ir más cómodo.

Producido por Matt Hunter and Matt Miles | Video por Matt Miles | Fotos por Sterling Lorence and Matt Miles | Audio por Jason Chiodo de racketsound.com | Música por Mountain town – Jon and Roy
Esta será una inspiradora historia que los invitará  a vivir este tipo de experiencias y seguro algunos no podrán contener la emoción, vendrán gratos recuerdos a la mente de cuando allí a solo un par de kilómetros de casa salían al río a pescar con sus padres o amigos, o de cuando vivían una noche de campamento bajo las estrellas en medio de una gran fogata, cosas simples, que no tienen precio y nos hicieron felices a muchos. 
Algunas ideas que menciona Matt son las de “elegir rutas suaves, caminos solitarios y no muy empinados“, así es que pueden elegir aproximarse en auto, salir con suficiente tiempo para detenerse y explorar cada cosa interesante que se presente. Él va con un trailer y esa puede ser una buena idea para llevar comida y todo lo que necesitas para una noche de campamento, incluso para llevar a su hijo en algunos trayectos, igualmente pueden llevarlas en un par de alforjas adaptadas a la bicicleta.
“Me encanta la forma en que se emociona por las cosas más pequeñas. Mira papá, es un poco de caca!” | Matt Hunter

Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016
Robbie and Matt Hunter in Kamloops, British Columbia, September 2016

Carlos E. Carvajal

Frederic Barnet nació en Canet de Mar, a 43 kilómetros de Barcelona, en España, pero trabajó casi toda su vida como cocinero en Alemania. A sus 75 años recorre el mundo en bicicleta y ya lleva transitados más de 96.000 kilómetros en casi cinco años.

El miércoles, pasadas las 18, llegó a Paraná para descansar en el Complejo Túnel Subfluvial, y ayer después del mediodía siguió su ruta rumbo a Reconquista.
De camino había sufrido una caída en María Luisa, que se sumó a tantas otras en los años que lleva pedaleando: una camioneta lo encerró y como había barro se desplomó sobre el asfalto. “Me afeitó un poco la barba”, dijo con humor a UNO, apenas recaló en la capital provincial, ignorando los dolores del porrazo.
Ya había pasado por Nogoyá y General Ramírez, donde se quedó un par de días esperando que la lluvia le dé una tregua. Allí la Dirección de Deportes de la Municipalidad le dio hospedaje y el grupo de Cicloturismo de la Asociación Roberto Breppe de esa localidad se encargó de poner a punto el vehículo de dos ruedas. Le hicieron un service completo a su vehículo, le cambiaron las cubiertas y el asiento, con el que llevaba transitados unos 45.000 kilómetros, para que vaya más cómodo. También se ocupó la gente de Ramírez Pedalea. No le cobraron un peso y además lo agasajaron con un asado de despedida. Tan distinto a lo que le pasó en Ushuaia, donde unos aprovechadores lo estafaron, cobrándole 5.000 pesos por repararle la bici.
En su memoria alberga miles de anécdotas, que fue cosechando a lo largo del camino desde que en 2011 decidió emprender esta aventura, tras superar un cáncer de estómago: “Cuando dejé de trabajar me aburría con los señores de mi edad, que se la pasaban contando que les dolía tal o cual parte del cuerpo. Competían por quién tenía más dolores“, contó entre risas, y agregó: “Dije que yo así no quería terminar y le comenté a mi familia que a la semana siguiente iba a tomar la bicicleta para recorrer la Tierra, así podía aprender algo“.
Frederic recordó que entonces sus hijos lo miraron incrédulos y que al día siguiente su esposa le manifestó su apoyo: “No me molesta que te vayas a recorrer el mundo. Me molestaría más tener un marido infeliz en casa”, fueron sus palabras.
Su itinerario comenzó en Barcelona, el mismo día en que cumplió 70 años. Recorrió Europa y Oriente Medio en cuatro años. Al llegar a Armenia y querer pasar hacia Irán y Pakistán se topó con la guerra y la frontera cerrada. Fue entonces que tomó un vuelo a Florida y recaló en continente americano. Desde Alaska llegó hasta Ushuaia y rememoró: “Nunca planifico, solo me organizo cada día. Entré a Florida el 11 de julio de 2014 y llegué a Ushuaia por Navidad de 2015. Pasé por México, por Centroamérica, Colombia, Venezuela. Luego llegué a Manaos, en el Amazonas; recorrí el litoral brasileño y de Salvador fui a Brasilia y a otras ciudades, hasta llegar a la Argentina”.
Toda persona que nace en la Tierra tiene derecho a ella“, asegura cuando explica su viaje, en el que pedalea unos 60 kilómetros diarios, alternando el descanso y la fiesta de los encuentros con quienes lo reciben en cada destino.
A veces detiene su andar en el camino cuando pasa por alguna escuela rural y se queda a darle una charla a los alumnos, que quizás toda su vida verán el mismo horizonte. De rodillas, para estar a la altura de los niños y poder mirarlos a los ojos, les cuenta sobre paisajes y culturas lejanas. La sorpresa hace crecer la mirada de los chicos y lejos de sentir que les enseña algo, Frederic siente que es él el que aprende.
Si bien en un principio se planteó culminar su viaje a los 80 años, afirma que ya no hay una fecha certera: “Va a durar el tiempo necesario. Llevo recorridos 63 países y me quedan 120 todavía. Tal vez me lleve 10 o 12 años más“, señaló.
En breve nacerá su primer nieto y viajará a Europa a conocerlo, pero con la firme decisión de retornar a la Argentina para seguir pedaleando, sin un destino definido, sin las ataduras de la rutina, practicando la libertad con vehemencia: “La libertad es la base de la felicidad“, aseguró por último, antes de subirse a la bici y volver a besarse con el viento, pedaleando contra cualquier obstáculo y disfrutando de la aventura de entregarse a las sorpresas que la vida le depare en el camino.
Testimonio de tantos caminos recorridos
Libertad, felicidad, sabiduría, son tres palabras constantes en el vocabulario de este peregrino, que no desistió de su sueño de recorrer el mundo ni siquiera en los momentos más difíciles, por ejemplo cuando en San Pablo, Brasil, lo asaltaron dos veces en un mismo día: la primera vez le robaron una cámara y la billetera, la segunda vez no le pudieron sacar nada, pero lo lastimaron mucho a golpes de puños y patadas. O cuando en Chile le sustrajeron la bicicleta mientras dormía y quedó a pie hasta que alguien lo socorrió. O cuando se cayó, cientos de veces y aún maltrecho volvió a subirse a la bici para derribar las falacias y los mitos que se tejen en torno a la edad, a las fronteras, a las formas de vivir que vinculan la riqueza a las posesiones materiales.
Siempre alegre, agradecido y dispuesto a compartir sus experiencias con aquellos con los que se cruza en el camino, va inspirando con su testimonio a más de uno que seguramente alguna vez soñó con hacer solo lo que dicta el corazón.
Entre su equipaje lleva siempre un cuaderno –ya lleva escritos 15– donde va describiendo sus vivencias y las personas con las que se encuentra van dejando también sus impresiones. Cuando su esposa y sus hijos lo visitan una o dos veces al año adonde él esté, se los llevan para leerlos.
Con los jugosos textos repletos de anécdotas, sensaciones, emociones e intercambios de experiencias, su mujer, que es profesora, y una amiga periodista van a redactar un libro. O mejor dicho, varios, ya que hay mucho por contar. El primero está en marcha y sin dudas sus páginas harán viajar también a quien lo lea.

Fuente: UNO Entreríos

El resumen podría ser: 75.000 kilómetros, siete años, cinco continentes, dos hijos y dos bicicletas. Pero detrás de las cifras existe una apasionante historia de dos personas que dejaron su trabajo, su casa, a su gente, se tomaron de la mano y se pusieron a pedalear.

El día que Alice y Andoni empezaron su viaje, se echaron a llorar. Los primeros kilómetros, pedalearon con ellos amigos y hermanos, hasta un límite. Habían hecho una gran fiesta de despedida el día anterior. Pero cuando se quedaron solos, con su bicicleta, sus ahorros de tres años en las alforjas y el mundo entero por delante, las lágrimas corrieron por sus mejillas.
“Henri, el hermano de Alice, fue el último en dejarnos. Nada más perderle de vista, nos paramos, y, tras mirarnos el uno al otro fijamente, empezamos a llorar de tantas emociones. Prácticamente habíamos dejado todo atrás y enfrente teníamos el futuro. Pero los primeros treinta kilómetros se hacen duros psicológicamente”, cuenta Andoni Rodelgo en El mundo en bicicleta. Siete años viajando por el globo, el libro donde cuenta toda su experiencia y que acaba de publicarse en e-book..
Es necesario hacer una aclaración previa: esta historia no va de dos perroflautas loquetis. Andoni es ingeniero industrial (y sacar su título no fue nada fácil). Había conseguido un trabajo “con responsabilidades, facilidades, compañerismo y buen sueldo. Era feliz”, rememora. En su etapa de estudiante, había viajado de su País Vasco natal a Aberdeen, Escocia, para aprender inglés. Allí a conoció a Alice, su compañera, esposa, segunda rueda de este equipo y madre de sus hijos. Alice estudiaba Antropología. “Habíamos viajado de mochileros, pero siempre nos frustraba esa fecha de retorno.
El turismo que hacíamos por entonces no nos satisfacía. Nos dejaba con la miel en los labios. El viaje estaba cerca, pero no era lo que buscábamos”, explican. Se instalaron en Bruselas, y ahí, fraguaron esta gran aventura, que empezó de una manera y acabó de otra…
“Decidimos salir. Sin más. Sin pensar en el regreso, sin planes, sin una ruta determinada, sin agenda. El transporte público no nos convencía, ya que limitaría la libertad a la que aspirábamos, ya que impone ciertos horarios y trayectos. El coche parecía permitir estas libertades, pero dudábamos de que, aislados en esa burbuja confortable y rápida, nos integráramos en el país que visitábamos.
Un día en Bruselas conocimos a un belga que viajó alrededor de África en bicicleta, y nos dio la maravillosa idea de recorrer el mundo en bicicleta. Así que en el verano de 2004 decidimos dejarlo todo y salir con mucha incertidumbre hacia el Extremo Oriente. En un principio nuestro destino era Tokio (Japón), pero estábamos tan enganchados que al final terminamos dando la vuelta al mundo”,  nos cuenta Andoni.
Llegaron a Japón dos años más tarde. Y continuaron viajando por el mundo hasta 2013. En total, han recorrido 75.000 kilómetros por los cinco continentes. Solitos con sus piernas y sus pedales.

(Aquí, un vídeo de su paso por Japón)

Los Alpes, Londres, Estados Unidos, Francia, Escandinavia, Argentina, Ecuador, Perú, Marruecos, Canadá, China, Laos… Siete años dan para mucho. También para tener dos niños por el camino: “Maia fue concebida en EEUU, cuando ya regresábamos. Nació en Bruselas tres meses después de nuestra llegada. En la segunda parte del viaje, Alice se quedó nuevamente embarazada en Marruecos, y Unai nació en Samaitapa (Bolivia). Decidimos tener familia durante el viaje porque sabíamos que les podíamos dedicar todo el tiempo del mundo”, explica Andoni.
Los niños, de hecho, “han sido felices. Simplemente vivían el presente, y estar las 24 horas del día con sus padres les daba mucha confianza y satisfacción. Ellos nunca se quejaron, pues solo conocían el viaje y lo veían como un modo de vida. Casi al final del viaje Maia empezó a pedalear en el tándem. Ahora, cuando hacemos alguna escapada que otra, sale con su nueva bicicleta. Unai viaja en el tandem, o sea que hemos jubilado el ciclo-remolque”.
Con un “equipaje simple, pero muy sólido“, improvisaban para dormir. “Nos levantábamos por la mañana y no sabíamos donde íbamos a dormir. Teníamos tienda de campaña, y cuando llegaba el atardecer, buscábamos un lugar para pasar la noche. También hemos dormido en casa de la gente, es increíble las muchas veces que nos han invitado, sobre todo, en el Medio Oriente, Central Asia, y Norteamérica. ¡La hospitalidad que hemos recibido ha sido impresionante! En ciertos países, como la India, China o sureste asiático, las pensiones eran tan baratas que todo los días pasábamos la noche bajo un techo”, rememora Andoni.
Cada día, pedaleaban “entre 4-5 horas máximo, quizás seis horas. Los kilómetros dependían del desnivel, el viento, el estado de la carretera, pero hacíamos una media de 70 kilómetros diarios”.
“El tiempo que pasábamos en un lugar parados dependía del sitio, si nos gustaba o necesitábamos descansar. Lo máximo que hemos parado han sido cinco meses, y fue porque nació Unai, pero si no, hemos parado hasta un mes, como en Katmandú y Caracas. Otras veces, si queríamos visitar un ciudad y descansar, nos quedábamos una o dos semanas”.
¿Qué lugar les impactó más? “Aralsk, en Kazajstán. Ha sido el lugar mas deprimente y triste que hemos visto. Era apocalíptico. Aralsk llego a ser el pulmón económico de la región por su flota pesquera y lugar de veraneo por sus playas cristalinas. Pero en 1959 el gobierno soviético decidió canalizar los ríos Sir-Daria y Amu-Daria para regar las plantaciones de algodón. El mar de Aral, el cuarto lago más grande del mundo, empezó a perder su volumen, y el mar se alejó treinta kilómetros de la ciudad portuaria. La disminución del mar de Aral ha devastado la región, cambiando el clima y el ecosistema, su gente sufre frecuentemente tormentas de arena y hay serios problemas de salud por los residuos de los pesticidas utilizados para la producción del algodón”, comentan.
¿Y a cuál no volveríain? “Bueno, no nos gusta decir No volveremos más, porque todo depende de las experiencias, encuentros, el clima, etcétera… Por ejemplo, cuando salimos de la India me prometí a mí mismo que nunca volvería, pero ahora deseo regresar. Hubo países en los que no tuvimos buenas sensaciones. En Noruega, por ejemplo, el clima fue horrible y sus habitantes son bastantes distanciados y muy antipáticos, no tuvimos muy buena experiencia. Pero por eso, no vamos a dejar de ir a Noruega, los noruegos son desagradables, pero los paisajes son espectaculares. En cada lugar hay cosas buenas y malas, y cuando se pasa por ciertos lugares, hay que absorber las cosas positivas”, opinan.

(Aquí, un recuerdo de su paso por Marruecos:)

También hubo sitios donde (aunque sea un poco) se quisieron quedar: “Hubo lugares, como Lijiang (China), Gero (Japón), Nelson (Canadá), donde estábamos tan a gusto que nos costaba salir, pasaban los días y no salíamos, pero al final, la ruta siempre nos llamaba y continuábamos el viaje. Ademas, veíamos que nuestro lugar era aquí, donde está nuestras familias y amigos, y sobre todo, nuestra cultura”, comenta esta pareja, que ahora mismo vive en Bruselas, pero que este verano se muda “a Euskadi para vivir en el campo”
¿Una palabra que les inspira cada continente?Europa: Conservadora. Asia:Tradicional. América: Posible. África: Pendiente. Oceanía: Tranquilidad”.
“¿Salir de nuevo? Esa es la pregunta del millón. Nunca se sabe, la ruta siempre nos llama, y seguro, bueno, espero, que algún día volvamos a recorrer el mundo en bicicleta“, concluyen esta entrevista.
* Andoni Rodelgo es el autor de El mundo en bicicleta. Siete años viajando por el globo,un libro de la editorial Casiopea donde cuenta toda su experiencia. Acaba de publicarse en e-book. Escribe además un interesantísimo blog etapa tras etapa de su aventura: mundubicyclette.be.

Fuente: Traveler

Argentina es un vídeo que hace parte de la historia de Ola y Bartek en su viaje en bicicleta por Sur América. Sus vídeos nacieron junto con la decisión de emprender el viaje, estos además, eran una manera para que su familia no se preocupara, y, en general, para que su viaje no quedara en el olvido.

Dice el cicloviajero: “este vídeo no trata de ofrecer una ideología política. Los personajes como Ernesto Guevara, Eva Perón o Jorge Videla son parte de la historia de este país y me referiero a ellos respetuosamente, pero no juzgo nada. Soy plenamente consciente de las controversias y no quiero ser parte de la controversia.
No es fácil planificar un viaje en bicicleta por un país que tiene 3.650 km de largo y cuenta con más de 1.400 km en su punto más ancho. En principio teníamos una fuerte sensación de que a causa de nuestros límites, nos faltaba mucho. Entonces llegó un momento en que nos dimos cuenta de que no se trataba de los lugares que visitaríamos, era la gente, los olores, los sabores y ante todo los momentos mágicos que eran inexplicablemente únicos para nosotros, eso era lo que realmente valía la pena.
La tercera parte de nuestro viaje – 5 meses en medio de la vasta tierra de Argentina.
En lugar de paisajes impresionantes, siempre recordaré cientos de loros ruidosos curiosos siguiendo mi bicicleta en medio de la nada, o un gaucho de 85 años montado en su caballo junto a sus rebaños, o los rostros de personas bailando en el club de boliche….
Argentina … Es sorprendente que se puedan encontrar tantos mundos diferentes en un solo país. A veces se puede sentir como si estuvieras en Europa, otras veces pareces estar en Bolivia. Buenos Aires con sus propios contrastes: Villas miseria rodeadas de rascacielos modernos, gentes sin hogar durmiendo al lado de los restaurantes más lujosos, o de edificios de gobierno, su moneda débil y una alta tasa de inflación tocan la vida cotidiana de muchos argentinos. La deforestación en el norte y los tentáculos de Monsanto son aún más graves, pues son problemas que tendrán efectos debastadores a largo plazo.
Sé que intento describir la hermosa alma de Argentina con algunas palabras sin sentido… No estoy seguro además, si mis imágenes o al menos una pequeña parte de ellas lo han hecho, pero estoy sé que dejé parte de mi corazón en algún lugar al otro lado del océano . Gracias Argentina. Gracias América del Sur.”

Fuente: http://iscswojadroga.pl/

Con tan solo 35 años, Stephen Fabes ha recorrido el mundo acompañado de su cámara y su bicicleta. Después de seis años y con 86.000 kilómetros a sus espaldas, regresa al lugar donde todo comenzó, el hospital St. Thomas de Londres, habiendo dejado constancia de sus aventuras en su blog y con la vista puesta en el libro que será su próximo proyecto.

La idea con la que partió de Londres era la de recaudar fondos para la organización británica Merlin (Medical Emergency Relief International). Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo descubrió que no era solamente eso lo que podía hacer por los demás, sino que tenía la oportunidad de ayudar a personas desfavorecidas, enfermas o marginadas.
Durante el viaje colaboró con multitud de proyectos humanitarios por toda Asia. Así, una aventura que se inició con un único propósito, término sirviendo a un fin social mucho más grande.
En función del clima y el relieve, recorría entre 40 y 100 km diarios, gastando tan solo 10 dólares por jornada. En ese sentido, agradeció enormemente la hospitalidad de aquellos que le ofrecieron asilo durante el camino. Tal vez por el hecho de ir en bicicleta la gente le sentía más vulnerable y más cercano a ellos, lo que les impulsaba a prestarle ayuda.
Por supuesto, hubo varias ocasiones en las que tuvo que atravesar dificultades. En Malasia, por ejemplo, se vio forzado a interrumpir su viaje durante 10 días tras contraer dengue. Atravesó Mongolia en pleno invierno, viéndose obligado a mantener el agua siempre cerca de su cuerpo para evitar que se congelara. E incluso atravesó desiertos yermos y largas distancias a través de estepas con un paisaje que era siempre el mismo.
Sin embargo, la dificultad más grande que tuvo que afrontar llegó apenas cuatro meses después de su partida. Tras sufrir una lesión de rodilla, se vio obligado a regresar para someterse a una operación. Algo que supuso aplazar el viaje cuando apenas había comenzado, y tener la determinación suficiente para reanudarlo una vez recuperado.
Pese a todo, para él ha sido una experiencia memorable que le ha permitido, no solo conocer mundo, sino empaparse de nuevas culturas, prestar su ayuda a las personas más necesitadas y pensar, pensar libremente, sin estrés, sin ataduras, marcando su propio ritmo.
Gracias a este viaje, asegura haber descubierto que el mundo es un lugar mucho más maravilloso de lo que había podido esperar, un lugar cálido y amable, lleno de gente dispuesta a compartir, a ayudar.

Fuente: En Positivo

Por lo menos desde mi perspectiva considero que la gran mayoría de cicloviajeros están dispuestos a dar una mano, ideas, quizás algo de información y hasta motivación a nuevos y entusiastas aventureros.

Recuerdo muy bien cuando estaba planeando Mi Viaje en Bicicleta por el Sur, aunque ya tenia algo de experiencia en pequeñas microaventuras por Colombia, consideraba que aún me hacia falta alguna información sobre la preparación de la bicicleta, el equipo, la ruta y otros pormenores. Empecé entonces a leer los blogs de algunos viajeros, a hablarles cuando los encontraba en cualquier carreterita e incluso me atreví a escribirle a un par de ellos.
A pocos días de salir de viaje recibí un mensaje de un argentino que venia pedaleando desde Alaska a Argentina, a él hoy lo considero uno de mis inspiradores y amigo del alma, Damian López, JAMERBOI: “La data al fin, hola Carlos! Como va? Bueno, por fin me puedo sentar un rato como para contestarte como se debe!!! Ya vas a ver como se complica el tema de los mails cuando estas viajando!! jajaja…”.
Su mensaje cambió algunas de mis ideas sobre el viaje que se avecinaba; me escribió sobre el manejo del dinero, la logística del hospedaje, la ruta… ! Todo me sirvió e incluso hoy sus palabras son tips que les doy a quienes me contactan para que les ayude con sus planes de viajar. Sin embargo, hubo algo que indudablemente fue clave, la lista de contactos y amigos en ruta que podrían darme una mano, dormida e incluso un poco de calor humano.
Acá es donde aparece Silvio Muchut, un San Josesino de la Provincia de Entrerios, Argentina; El BICINOMADE. Antes de hacer mi paso por Uruguay fui a parar a la casa de este flaco querido donde meses antes había estado Jamer, me quedé algunos días en su hogar rodeado del cariño de su familia, amigos, Fabi la que en su momento era su novia y la negrita (una perrita que acababan de recoger)…
El hombre un tipo flaco, alto y desgarbado, de cola de caballo y gafas tipo Lennon, medio hippie, filosofo y músico, también técnico en reparación de computadoras, enfermoso, cálido, sincero, noble, con un humor fino, amigo de entrada, en fin… Recuerdo que compartimos ideas sobre casi todo tipo de cosas, pero con especial atención en esto de viajar en bicicleta, en su momento estoy seguro algo utópico para él.
Terminé mi viaje y unos meses después el hombre se me apareció por acá en Colombia, disfrutamos en casa un par de días de su visita relámpago y además tuvo una pequeña muestra de la también reconocida hospitalidad nuestra. Creo que se fue encantado, tanto que se atrevió a decir que la próxima vez que nos viéramos sería por que se vendría en bicicleta, yo no le creí !
Silvio Muchut emprendió su viaje de Argentina a Colombia en septiembre de 2014 y el 3 de febrero en horas de la tarde llegó a Jardín ‪, Antioquia‬. Su odometro marcaba 23.040 Km ! Hace un par de días continuó con su viaje rumbo a la Costa Atlántica de nuestro país, aunque su meta ya esta cumplida. En este video de un grupo de amigos italianos lo podrán ver en acción.
Verlo fue uno de los momentos más bellos que el mundo de las bielas me ha dejado, llegó lleno de buenas noticias, renovado, sus miedos ya no estaban y las enfermedades que le aquejaban desaparecieron, hoy es un tipo tranquilo, lleno de experiencias y enriquecido por la vida, la vida que se entrega a quien va en busca de sus sueños y pedalea con delicadeza por la tierra.

Carlos E. Carvajal

El fotógrafo Juan Sisto le comentó un día al también fotógrafo y documentalista Álvaro Sanz que se iba a viajar en bicicleta por Latinoamérica. En principio, iba a ser una escapada corta pero una vez que Juan unió Santiago de Chile con Ushuaia volvió a hablar con Álvaro para decirle que el viaje continuaba hasta Alaska.

En total dos años de viaje a través de 17 países. Álvaro entonces le propuso compartir carretera en cuatro puntos del viaje para filmar la experiencia y compartirla después con todos en forma de documental.
Ahora editan todo el material para dar vida a Horizonte Norte que nos presentan en Piedra de Toque. Escucha la entrevista y descubre cómo dos amigos alcanzan un sueño aventurero a lo largo de un continente.

Fuente: Piedra de Toque

Fueron más de 60 los participantes de nuestro concurso para cicloviajeros, cada uno de ellos compartió con nosotros sus deseos de viajar en bicicleta, expresaron sus sentimientos, ideas y argumentos con los que están construyendo sus proyectos para pedalear nuestro país e incluso más allá, nos abrieron su alma.

Planear un viaje en bicicleta puede ser una tarea de años mientras diseñas la ruta, adquieres el equipo, resuelves como financiarlo, te preparas físicamente y encuentras el ingrediente más escaso para llevarlo acabo, el tiempo. También puede ser algo simple y sencillo como tener una bicicleta, adecuarla con un portaequipajes y un par de alforjas y salir a pedalear. Cualquiera sea tu idea, en Pedaleando Alma estamos dispuestos para ayudarte a cumplir tus deseos de viajar por Colombia y el mundo en esta maravillosa máquina.
A todos los cicloviajeros un aplauso por su motivación y entusiasmo. A Bibiana Calderón y John Restrepo nuestros otros dos finalistas un reconocimiento especial por su esfuerzo promoviendo sus propuestas, los invitamos a participar gratuitamente a uno de nuestros Tours Guiados Para Viajeros con Alforjas.

El Ganador

Siguiendo La Luna por Andrés Felipe Garzón. Lo elegimos el ganador del concurso, pues consideramos que encarna el espíritu de un aventurero. Esperamos que sus deseos de conocer Colombia, sus maravillosos parajes naturales, su gente y nuestras riquezas culturales se hagan realidad. Cuente con nuestra asesoría para facilitarle su aventura al Parque Nacional Natural Los Nevados, le ayudaremos con las rutas, contactos y a seleccionar el mejor equipo para que disfrute al máximo de ese paradisíaco lugar.
Gracias a nuestros patrocinadores y aliados Disandina SA y 14 OCHOMILES por co-ayudarnos a promover el cicloturimso y nueva forma de descubrir nuestro territorio. Empresas 100% Colombianas, que proveen con asesoría profesional todos los artículos especializados para realizar actividades al aire libre, incluyendo las de cicloturismo. Sus marcas disponibles en sus tiendas son las preferidas por los cicloviajeros, incluyéndome.

Carlos E. Carvajal

 

Una estadía de 30 días en Perú terminó transformándose en una travesía a dedo y en bicicleta por siete países a lo largo de 33 meses. Ahora, Mauricio López está en su ciudad y con no pocas anécdotas para compartir.

En su perfil de Facebook dice que estudió en la ruta. Y no es casual. Estudiaba licenciatura en Turismo, en Bahía Blanca, cuando decidió viajar a Perú por 30 días, que se transformaron en 33 meses de vida por siete países sudamericanos recorridos a dedo y en bicicleta. En el camino conoció a María (una argentina de Longchamps) también viajera, hoy su amor y compañera de experiencias.
La historia empezó en 2012, cuando le quedaban menos de diez materias para recibirse. Entonces, tras un viaje a Machu Picchu, Mauricio López decidió revolear los fríos mapas y sin ningún ahorro, pero con el corazón encendido de deseo, echó a andar.
“Abandoné mi carrera, terminé con mi novia y renuncié a mi estabilidad. Fue un quiebre muy importante”, cuenta este bahiense de nacimiento, puanense por adopción y ciudadano del mundo por elección.
Desde entonces, visitó a pie, a dedo, o sobre rueda varias ciudades de Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Paraguay y Argentina y vivió durante meses con comunidades aborígenes, que le enseñaron su cosmovisión del mundo y sus ritos ancestrales. Pasó hambre, calor y frío extremos, estuvo preso dos veces en Ecuador por desavenencias migratorias y hasta fue hospitalizado por un cuadro de deshidratación.
“Encontré lo que quería hacer con mi vida. Me di cuenta de que si estudiaba Turismo era por las ansias de despegarme y conocer el mundo”, confiesa. En estos años, viajó mucho tiempo solo y con gente y descifró los códigos de la cultura nómade, escuela que se convirtió en su principal herramienta.
Empezó a generar ingresos haciendo malabares en las esquinas y plazas y acampando en lugares gratuitos. De Cuzco se fue a Arequipa y luego a Camaná (en Perú) y empezó a moverse a dedo. “Vi que si entrenaba y le ponía buena energía, vestido de payaso, la gente lo recibía”, relata.
Fue comienzo de una peregrinación y también de una transformación paulatina. “De tener comodidad, una ducha de agua caliente o un plato de comida pasé a estar a la intemperie improvisando el día a día, en países desconocidos”, comenta.
De Perú cruzó a Ecuador y luego a Colombia, donde, entre otros destinos, conoció la colonial Cartagena de Indias. Antes vivió casi tres meses con la comunidad Camsá cultivando, juntando leña y bañándose en los ríos. “Fue una apertura de la conciencia increíble. Un antes y un después”.
Allí conoció a María, su amor, con quien hoy sigue haciendo camino al andar. “Nos vimos cara de conocernos de toda la vida”, dice. Luego cruzó a Venezuela pedaleando por el desierto de la Guajira.

Fuente: La Nueva

Javier Colorado pasará las próximas navidades en África. Hace dos años las pasó en Asia y las siguientes, en América. Y es que Javier, con casi 50.000 kilómetros en las piernas, ha recorrido ya 34 países de tres continentes en dos años, y algo más, de su particular vuelta al mundo en bicicleta.

Ahora se encuentra en Brasil y desde allí ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding‬ para poder financiar el viaje hasta el continente africano.
“Me llamo Javier Colorado y estoy luchando por el sueño de dar la vuelta al mundo en bicicleta.
Después de 780 días pedaleando mas de 47.700 Km por 34 países de 3 continentes (Europa, Asia y América) y de haber cumplido todos los objetivos que me marqué en América (www.coloradoontheroad.com) llegué al callejón sin salida del Océano Atlántico. Llevo mas de 6 meses viajando sin dinero pero aun así he pedaleado casi 10.000 km gracias a la ayuda de la gente que conozco día a día.
En Santos y Rio de Janeiro contacté con todas las empresas de cargueros para solicitar una colaboración que me ayudara a cruzar el océano en barco y llegar a Cape Town (Sudáfrica) y continuar la vuelta al mundo, pero todos me han dejado en la estacada. Después de que todas las puertas se cerraran estoy buscando el apoyo de la gente a través de una campaña de crowdfunding para costearme el billete de avión de Sao Paulo a Cape Town.
https://www.indiegogo.com/projects/cruzar-africa-en-bicicleta–2/
África es el último gran reto del viaje y uno de los mas emocionantes. Cruzar el continente de sur a norte atravesando Sudáfrica, Namibia, Botsuana, Zimbabue, Zambia, Malawi, Tanzania, Kenia, Etiopia, Sudan del Norte y Egipto, documentando todo mi trayecto fotográfica y filmográficamente.
Gracias a todos los crowdfunders espero estar pronto en África luchando por completar el sueño de dar la vuelta al mundo. Necesito vuestro apoyo para continuar la campaña de crowdfunding con éxito dándole la mayor difusión posible.
De todo corazón gracias por su tiempo !”

Fuente: Ciclo 21

Si tuviese que resumir apresuradamente por qué viajo en bicicleta, simplemente me aventuraría a decir que me hace sentir infinitamente más feliz.

Viajar en bicicleta es elegir, el hecho es sí afirma quién eres y a dónde vas. Recorres el mundo para llegar a ti; se viaja gradualmente al interior de uno mismo; un viaje sin relojes que anhela realidades sin maquillaje en busca de verdades sencillas. Una experiencia en libertad exenta de rutina, pero sedienta de incertidumbre, que no desea seguir caminos concluidos, sino dibujar una rodada insólita en busca de horizontes inexplorados ¿No es en libertad acaso, donde encontramos la oportunidad de definirnos y descubrir cuál es el significado de nuestra vida?
Cuando observas el mundo a la velocidad de las hadas, consientes percibir las cosas de una manera diversa, con más presencia y atención, dejando que lo intranscendente, lo cotidiano, cautive tu curiosidad. Súbitamente, se abre una ventana en tu consciencia por donde se filtra la luz de lo imperceptible. Tu impresión del mundo cambiará y un intenso arcoíris sucederá la anodina escala de grises ¿Y qué son sino las pequeñas cosas, que muchas veces no advertimos, las que hacen este mundo tan extraordinario?

Viajar además con pocos recursos permite superar nuestros límites de aislamiento e incomunicación. La bicicleta es sinónimo de sacrificio y entrega, derriba las barreras de clase, arrebata saludos y sonrisas llenas de complicidad, favoreciendo la integración entre las diferentes culturas. La sencillez, unido a un presupuesto modesto, te aleja de tu zona de confort, lo que propicia un arrebato de decisión y esfuerzo para cubrir tus necesidades básicas. Decides exponerte, eliges un contexto de riesgo, y cuanto más riesgo existe, más se comparte. Entonces, las personas comenzarán a entrar en tu vida como rayos de sol, y la felicidad llamará a tu puerta para quedarse. A la felicidad siempre le gustó la compañía.
La vida sin la prisión del cemento es mucho más rica. La compañía de los bosques, montañas, desiertos y playas te reconcilian con la belleza natural del universo, sintiendo la conexión ancestral entre la naturaleza y nuestro ser interior; padecer los elementos sobre tu cuerpo y advertir maravillado que te sientes más vivo que nunca. Ser aire cuando el rugir del viento aplaca tu pedaleo; ser agua cuando el aguacero anega los campos y ciega tu mirada; ser tierra cuando un escarpado camino pretende amistad; ser frío cuando el viento gélido de la cima coagula tus mejillas; ser sol cuando el calor consume el aire y precipita tu aliento. Debemos aspirar a comprender los elementos hasta que su sabor sea dulce y delicado. Entenderlos como un compañero inseparable, incondicionalmente, sin juzgarlos, fluyendo como enseñan los ríos. La proposición está colmada de romanticismo, es cierto, mas es alcanzar la actitud lo que importa. El ideal consiste en instruirse para transformar los inconvenientes del camino en desafíos, siendo capaces de disfrutar del proceso.

Sumergidos en esta comunión natural aprendemos a sintonizarnos con nuestra sabiduría interior, enriqueciendo nuestro espíritu y trabajando nuestros valores humanos más elevados. La experiencia transciende a renovar nuestra actitud ante la vida, persiguiendo un cambio de mentalidad que aboca a un pensamiento más humano; a conquistar un conocimiento no para alcanzar una inteligencia competitiva, sino un conocimiento abocado a ser mejor persona.
Cuando viajamos adoptando esta filosofía, aprendemos a vivir. Aprender a vivir es aprender a no pensar en términos de éxito y fracaso, dos conceptos egocéntricos que ensombrecen el crecimiento personal que nace del sacrificio y la experiencia del tránsito. Aprender a vivir es aprender a renunciar a objetos y convencionalismos superfluos que nada tienen que ver con enriquecer nuestra vida interior. Aprender a vivir es aprender a necesitar menos, creando y compartiendo más; es una inversión en nosotros mismos que indirectamente revierte en la sociedad y el futuro que vislumbramos.

Uno de los propósitos de esta vida es satisfacerla de sensaciones y formas maravillosas, y el mundo de los viajes en bicicleta está rodeado de ellas. El cambio comienza con tan sólo una pedalada. Esa primera pedalada cambió mi vida.

Fuente: Otra Vida es Posible

El Foro Mundial de la Bicicleta (FMB) es el evento ciudadano global, más importante a favor de la bicicleta. Se trata de una actividad hecha desde la ciudadanía, para la ciudadanía y por la ciudadanía.

En esta nueva edición fui nombrado Coordinador para Colombia para ayudar a los diferentes cicloviajeros de nuestro país y a quienes pasarán por él rumbo al V Foro Mundial de la Bicicleta Chile 2016, #FMB5.
Pueden contactarme haciendo clic aquí para encontrar otros cicloviajeros, los recursos, publicaciones y ayudas referentes al tema que nos reúne.
Qué es el Foro Mundial de la Bicicleta? Está diseñado, organizado y producido, única y colectivamente, por los ciudadanos partidarios de la bicicleta y de la movilidad sostenible de cada ciudad sede. Cada año, cuenta con el apoyo de voluntarios de otros países del mundo, en especial, de aquellos vinculados a la organización de los foros previos, desde 2012 a la fecha.
Los temas que promueve el FMB, son trabajo de individuos, colectivos, ONG’s, academia, medios, empresas y entidades gubernamentales que, juntos, pretenden lograr un cambio positivo en todos los niveles: individual-local-regional-nacionalmundial.
En Chile, el próximo Foro Mundial de la Bicicleta, el FMB5, está conformado por una plataforma llamada “Energía Humana, Poder Ciudadano”, la que está compuesta por más de 40 organizaciones y 160 personas naturales.
Objetivo general. Ser un espacio propositivo y de discusión, donde ciudadanos de diversos países se reúnen en torno a asuntos de interés común: la bicicleta, el sistema de movilidad, y la apropiación de su entorno.
Objetivos específicos
  • Generar equidad en el uso del espacio público, a través de una movilidad a escala humana.
  • Promover la autonomía ciudadana mediante el uso de la propia energía (cinética) renovable humana.
  • Crear conciencia de trabajo colectivo y empoderamiento de las organizaciones sociales, ciclistas y ciudadanas, para incidir en el diseño de los espacios públicos, la movilidad, y la generación de políticas públicas en estas materias.
En qué fecha es? Del jueves 31 de marzo al martes 05 de abril de 2016.
Dónde será? En diversas comunas de la ciudad de Santiago. En regiones también habrá actividades pre foro, desarrolladas por organizaciones partícipes del Foro Mundial de la Bicicleta Chile 2016.
Cómo puedo participar? Escribe a foromundialbicicletachile@gmail.com !

Carlos E. Carvajal

Hace un año, el inglés Joshua Sivarajah decidió vender todas sus posesiones para pedalear junto a su mejor amigo, su perro Nero. A día de hoy no ha encontrado razones para dejar de hacerlo.

La vida en la sociedad occidental puede hartar. Eso le sucedió a Joshua Sivarajah, que con 34 años decidió abandonar la comodidad de su rutina en Bornemouth, al sur de Inglaterra, para echarse a la carretera en bicicleta con la única compañía de Nero, su fiel border collie.
A Joshua no le iba mal: trabajaba como entrenador personal y tenía una posición cómoda. Pero algo no funcionaba. “Me di cuenta de que, simplemente, estaba aburrido: no era la vida que quería vivir”, cuenta, “desde siempre me ha gustado la aventura y necesitaba ver mundo”. Dicho y hecho: Joshua se subió a la bici y empezó a pedalear sin rumbo acompañado de Nero. Antes vendió su coche, sus muebles y sus escasas posesiones. “Necesitaba probarme que ellas no me poseían a mí”, cuenta. “A veces te involucras emocionalmente con bienes materiales, y es algo de lo que quería huir”.
“Me di cuenta de que, simplemente, estaba aburrido: no era la vida que quería vivir.”
Nero es clave en el viaje. “Es mi mejor amigo, mi familia y mi sombra”, apunta Sivarajah. Nero viaja cómodamente en la parte trasera gracias a un soporte creado específicamente para él, salvo cuando le apetece corretear tras ella. “Normalmente corre unos 5 o 10 kilómetros al día, aunque lo que más le gusta es jugar al frisbee”. Y es especialista en hacer amigos. “Con él todo es más fácil. ¡Incluso alguna vez me ayuda a ligar!”, bromea Joshua.
Nacido para pedalear
Los gastos mensuales de los dos aventureros rondan los 417 euros, básicamente en comida. El escaso dinero que sacó al vender su coche se acabó pronto, por lo que el apoyo de su madre y algunos amigos cercanos ha sido fundamental. “Sin ellos no estaría donde estoy”, agradece Joshua.
Nero y yo
Por el momento, Joshua y Nero ya han recorrido el Reino Unido, Francia, España y Portugal. De entre todos los paisajes que han visto, se queda con el Camino de Santiago, “algo realmente mágico y que recomiendo a todo el mundo”. Han pasado el verano en Alemania, descendiendo el Danubio en una canoa. El año que viene cruzarán el charco para pedalear en EE UU y Canadá. Y, después, irán adónde les lleve la improvisación: hay mucho mundo y mucha gente que conocer.
El viaje de Joshua y Nero se puede seguir a través de la página de Facebook y en la web Nero&Me, y Disney Channel prepara un documental. Aunque como dice Joshua, “esto no es una aventura, sino mi vida”. Una vida dedicada en cuerpo y alma a la libertad, las bicicletas y la amistad.

Fuente: Ciclosfera

Los últimos kilómetros de un sueño cumplido… “24 de enero de 2006, con algunas cosas nuevas y otras de toda la vida, salgo de Granada rumbo al África en una bicicleta. En la calle, nadie repara en mí, nadie sabe dónde voy, ni siquiera yo lo sé…”

12 de agosto de 2015, casi una década después, en una bicicleta maltrecha y obstinada regreso a Granada tras 145.266 kilómetros recorridos a lo largo y ancho del planeta; un planeta que, lo juro, es redondo. Igual que en el 2006, en la calle nadie repara en mí, nadie sabe de dónde vengo, aunque esta vez yo sí lo sé: vengo de dar la vuelta al mundo.
Pido un café en la misma cafetería de Parque Almunia donde tomé café el día de mi salida. Sonrío en silencio, pese al jaleo de la cafetería puedo escuchar cómo se abre paso una lágrima desde mi ojo derecho, el que siempre me traiciona primero. Mi mente está confusa, parece que salí ayer, todo lo reconozco, el presente estalla en mis narices con una fuerza que convierte el viaje en un difuso sueño.
Insisto, me repito una y otra vez que estuve una década viajando en bicicleta, recuerdo a amigos del camino, lugares, y la intensidad de Granada lo pone en duda una y otra vez. Cada calle, cada comercio que reconozco, cada cafetería donde un día tomaba café soñando con viajar por el mundo, son los barcos del César que arriban para destronar a Marco Antonio por haber gozado de los labios de Cleopatra. “Sobre todo no te engañes, no digas que fue un sueño…” Así es, tío Kavafis, no fue un sueño. Es un sueño cumplido y hoy, su día final.
Escondido a la sombra en la plaza de Mariana Pineda, mientras espero a un viejo amigo, encuentro un hueco en este presente de recuerdos y, en voz baja, por fin digo lo que he tanto tiempo he retenido: “Llegaste, Salva, llegaste. Has regresado a Granada. Has dado la vuelta al mundo. Fin del viaje.”
Después, cuando emprendo el pedaleo hacia la casa de mi hermana, apago el cuenta kilómetros. A mis cuarenta y pocos años, comienza una nueva vida.

Un Viaje de Cuento por Salva Rodríguez

Uno a uno fuimos encontrándonos en la ruta los 11 cicloviajeros (Nathalia, Marinela, Camilo, Juan Paulo, Pietro, Antonio, Edwin, Sergio, Juan Camilo, Ronald y yo) para disfrutar durante 4 días de la primera travesía del nuevo arriero por el sur oeste de Antioquia.

Los arreboles de la madrugada presagiaban un bello día. Había un brillo especial en los ojos de todos, para algunos era su primer viaje con alforjas en bicicleta. La Micro Aventura del fin de semana era una realidad, dejamos la ciudad atrás mientras propios y extraños comentaban a nuestro paso, era imposible no hacerlo, la caravana irradiaba felicidad… “para donde van” gritaba alguien desde su auto, “mira que bacano parce” decían, otros nos pitaban, o simplemente sonreían.
Muy pronto estábamos fuera del mundanal ruido en una vía secundaria, la llaman La Tolva y por ella nos dirigíamos a Fredonia (ANT), nuestro primer destino. Las primeras pequeñas subidas nos recordaron a todos la gravedad y el peso que llevábamos, me dió la impresión que varios sintieron un poco el rigor, quizás algo de susto.
En uno de los sitios donde aún la quebrada La Sinifana es limpia decidimos parar, no habíamos pedaleado mucho, pero dejar pasar un buen baño en una linda y fresca quebradita no es opción. Creo que allí se rompió el hielo, algunos fuimos directo al chorro de agua, otros tomaron un aire nuevo, comieron algo, tomamos fotos e incluso fue el momento para repartir algunos obsequios que Disandina nos regaló.
El calor ese día se sintió, así que en varias tienditas del camino el líquido mágico nos refrescó, bueno y un par de cervezas también. El grupo se estiraba en las subidas, y arriba o en algún mirador volvía y se recogía. A lo lejos Cerro Bravo nos indicó que nuestro destino estaba cerca, los últimos 3 kilómetros para llegar fueron exigentes, las 2 damas jalonaban y se iban en punta. Se notó el esfuerzo de ese día durante la cena, charlamos un poco y reímos, sin embargo, rápidamente todos fuimos a reposar a las habitaciones del bello hotel donde decidimos pernoctar, pronto todo estaba en silencio.
La alegría fue de nuevo al día siguiente, comenzamos bajando y se notaba las ganas de seguir viajando, ya éramos todos amigos, compinches. Un repecho para llegar al Calvario nos sacó una gota de sudor, divisamos desde allí el bello territorio que el Valle del Río Cauca recorre a su paso. Durante aproximadamente una hora bajamos sinuosamente hasta Puente Iglesias, la grata sensación de bajar. Me pareció que a todos se nos olvidó que enfrente estaba el Alto de las Nubes, en Jericó, la meta de ese día…
Un breve refrigerio, rebosamos las caramañolas y rumbo a La Cabaña, ruta en la que años atrás Cochise ganó la Vuelta a Colombia, una de las subidas más exigentes y bellas de estas tierras. Mientras la subíamos recordaba a Fernando González en su Viaje a Pie, “trepamos sobre el lomo andino, ya en la altura, reíamos alegremente.”
Ese día graduó a los nuevos cicloviajeros de este Tour Guiado Para Viajeros Con Alforjas, fue exigente hasta para los más fuertes. Destaco la fortaleza mental y física de todos, sin embargo, resalto y admiro la decisión, voluntad y templanza de las dos damas. Cada uno de estos nuevos bicinomadas está preparado para viajar en su bicicleta donde desee.
Al día siguiente decidimos salir un poco más tarde de lo planeado, sentí mientras íbamos por el Valle del Río Piedras la satisfacción que emanaban todos, la jornada anterior indudablemente había sido una de las pedaleadas más exigentes que algunos habían tenido en sus vidas y era ya una historia feliz para contar. Un par de kilómetros adelante el rio provocó y sin dudarlo al agua fuimos todos. Después de un rato de recocha y risas, terminamos de ascender al alto de La Raya, disfrutamos de la hermosa vista de la Cordillera Occidental y descolgamos hasta el corregimiento de Buenos Aires en Andes, allí nos esperaba un delicioso sancocho campesino. Gracias Mónica…
El día iba tranquilo, pero aún le faltaban algunas sorpresas, entre cafetales y un par de fuertes subidas llegamos a Alto Zenón, hermoso mirador natural en las tierras cafeteras de Jardín, a donde llegaríamos ese día. Toboganiando como diría un experto cicloviajero llegamos al Alto de La Casiana, de allí al municipio patrimonio de Colombia. Llegamos rayando el sol, nos ubicamos en el hotel y luego de un par de horas de reposo y un buen baño, una cena sorpresa y la satisfacción en los rostros de cada uno de estos visionarios le dió fin a esta increíble travesía.
Al día siguiente regresamos a Medellín, cada uno con una nueva idea de sus propias capacidades, de lo que es viajar en bicicleta, del concepto de territorio y de lo que vivieron nuestros ancestros hace solo unos años atrás, cuando eran ellos los que recorrían estas tierras al lomo de una mula.
Lo nuestro era cicloturismo, no la necesidad de transportar mercancías o el simple coroteo de los chécheres de la casa cuando emigraban de una región a otra para colonizar tierras. No abrimos trochas para hacer los caminos a través de la manigua. Ni traspasamos inhóspitas selvas llenas de animales feroces, mansos o traviesos, no encontramos ningún fantasma mitológico, servicial o malvado. Planeamos la salida con anticipación y una mañana cualquiera emprendimos esta pequeña odisea para revivir a nuestra manera la historia de los abuelos.
Una nueva versión de la Travesía del Nuevo Arriero ya está lista para ustedes, es en el mes de octubre, inscríbanse aquí y vengan a disfrutar de la vida viajando con alforjas.

Carlos E. Carvajal

Hace unos años atrás pedaleé por varios países de Sur América llevando conmigo el mensaje ecológico de la Fundación GoodPlanet, en el, Yann Arthus Bertrand nos invita  a abrazar una forma de vida más respetuosa con la Tierra y con sus habitantes.

En el próximo mes de septiembre en el marco del 5to Festival de Cine Verde de Barichara Festiver, iré desde Medellín al bello municipio (obvio en bici) nuevamente como mensajero de la Fundación, pero esta vez a dar fé del poder transformador de la bicicleta y de que ACTUAR SÍ TE HACE FELIZ. ¿Pero que es este festival de cine?
El Festiver es una organización sin ánimo de lucro creada por los actores colombianos Toto Vega y Nórida Rodríguez, con el propósito de concienciar y sensibilizar sobre el medio ambiente y el cuidado de los recursos naturales, usando el cine y los medios audiovisuales en general como una eficaz herramienta para educar, entretener y transmitir conocimiento.
Ellos quieren inspirar a una nueva generación de realizadores, artistas y público comprometido con la defensa de nuestro hábitat y ecosistemas; crear espacios de debate, desarrollar procesos académicos, actividades artísticas y lúdicas alrededor del tema, que contribuyan a la formación de públicos, al enriquecimiento del panorama cultural y turístico de Colombia y a la construcción de un mundo mejor, mediante la exhibición de contenidos cinematográficos nacionales e internacionales con temática ambiental y la búsqueda de estímulos para el desarrollo de los mismos.
Como ya comente anteriormente, iré desde Medellín a Barichara en mi bici y con alforjas, el trayecto incluye unos 7 ó 8 dias de envidiables paisajes y momentos únicos. Invito a todo aquel que desee hacer este viaje conmigo y disfrutar ademas de los 5 días del FESTIVAL DE CINE VERDE. Si no puedes acompañarme en esta microaventura, síguenos en mis redes sociales. Facebook, Twitter e Instragram.
Súmate invitando a tus amigos a participar, vamos en bicicleta si quieres desde Medellín, o si estas allí cerca de Barichara ve a la conferencia que daré el día jueves 17 de septiembre. También puedes seguirnos a través de las redes sociales y multiplicar el mensaje.
Ilustración original: Steven Larance

Carlos E. Carvajal

Fueron 7.500 los kilómetros que Ekin Sulvará pedaleó desde Bogotá hasta la capital Uruguaya, Montevideo. Atravesó bosques, montañas, ríos, lagos y mares de Colombia, ecuador, Brasil, Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Era un sueño que anhelaba cumplir.

Viajó solo, durante seis meses. Un total de cien lugares visitados, entre ciudades, pueblos y parques naturales. Fueron muchos amigos y paisajes los que conoció en el camino y que atesorará para siempre. También muchos temores los que dejó en la carretera y muchas las lecciones aprendidas. Como por ejemplo, que es hora de dejar la soltería para conformar una familia.
“El misterio de lo desconocido. No saber qué me iba a encontrar en la siguiente curva o detrás de la próxima montaña o en el siguiente pueblo. Eso fue lo que me mantuvo pedaleando todo ese tiempo”, cuenta Sulvará, un publicista de 29 años nacido en Pacho (Cundinamarca). Con un presupuesto de ocho millones de pesos (incluido el tiquete de regreso desde Montevideo), el 7 de agosto del 2014 decidió no darle más plazos a este sueño.
Renunció a su trabajo (en una agencia de publicidad, donde lo contrataron de nuevo a su regreso). Cogió su bicicleta, un equipo de camping y otro de cocina, un morral muy liviano, la cámara de fotos y los repuestos de la bici. Todo pesaba, aproximadamente, 50 kilos. Todo, amarrado y sujeto de manera funcional a la bici. Seis meses después llegó a Bogotá con la felicidad de haber hecho el viaje de su vida. Este viajero y ciclista comparte sus secretos, con los que busca asesorar e inspirar a muchos para que se animen a conocer el continente a bordo de una bici.
Los viajes largos. Cuando la cotidianidad no deja que la vida nos sorprenda, hay que viajar. Porque viajar es la mejor forma de nutrirse de nuevas experiencias, y esto es lo que nos hace sentir realmente vivos y felices. No hay límite de edad. Si bien la mayoría de viajeros que he conocido tienen entre 20 y 30 años, también he visto personas muy adultas (mayores de 50 años) que viajan en bici. Unas vacaciones de 15 días Nos cambian el Panorama, nos dan un respiro; pero un viaje largo (de meses) nos cambia la vida. cambia la percepción que tenemos del mundo y permite conocernos más.
Viajes cortos. Si no hay mucho tiempo, lo recomendable es definir rutas locales –en Colombia– para empezar a medirse en el biciturismo. Hay rutas de 3 o 5 días, como a la Sierra Nevada del cocuy (entre Boyacá y Arauca). El regreso puede hacerse en bus. Luego, se puede programar una ruta en otro país, de 15 días o un mes. con la información suficiente y la experiencia adquirida en los viajes locales, es perfectamente realizable sin tener que renunciar al empleo.
¿Y dónde dormir? Hay que estar preparados para acampar bastante, por lo que llevar carpa, sleeping y colchoneta es clave. Todo debe ser lo más liviano y resistente posible, y funcional para diversos climas. Pero hay ocasiones en las que no es posible acampar, como en las grandes ciudades, o simplemente se quiere tener un poco de confort.
Los hostales son económicos. Existen dos comunidades en Internet en las que muchas personas ofrecen su casa para que los viajeros pasen la noche sin costo alguno. Como en toda casa, hay reglas, así que al momento de ponerse en contacto con la persona que ofrece el alojamiento hay que tener claro qué se puede y qué no se puede hacer (cocinar, lavar ropa, etc.).WarmshowersCouchsurfing.
¿Cómo manejar el dinero?  Todo es cuestión de organización. Si se toma la decisión de hacer un viaje largo hay que empezar a ahorrar y proyectar un presupuesto basado en pesos por día, que para Suramérica puede ser, en promedio, 60.000 pesos. Renunciar al trabajo tal vez sea la parte más complicada, pero hay que pensar que no hay que pasarse todo eltiempo trabajando para “ganarse la vida”. Hay que vivir la vida.
Suramérica es tal vez uno de los destinos más baratos. Si se tiene una carpa y una cocina portátil se ahorra bastante dinero y dejando de lado el confort de las ciudades se puede disfrutar cualquier lugar con poco dinero.
¿Y el equipo de camping? Uno sencillo, pero debe tener carpa de tres estaciones, aislante inflable, sleeping para menos 15 grados; un equipo de cocina multicombustible: una olla, una jarra, un pocillo, dos limpiones, cuchara, tenedor, una navaja suiza, dos bidones para agua (las mismas caramañolas de la bici).
¿Cómo hacer para comer bien y barato? Lo mejor es cocinar. Una cocina multicombustible es una gran herramienta. También sale muy económico comer en las Plazas de mercado o restaurantes frecuentados por la gente local -no los turísticos-. Sin embargo, vale la pena, de cuando en cuando, ir a un buen restaurante para darse también un viaje culinario.
¿Por qué viajar solo? Viajar solo te da la posibilidad de tener el tiempo y el espacio suficientes para conocerte. Para saber de qué estás hecho. En definitiva, te llenas de la confianza suficiente para hacer lo que te propones. Empiezas a sentir que nada es imposible. Pero también te das cuenta de lo valiosas que son las personas a tu alrededor. Aprecias la compañía, así sea pasajera. Y aunque viajes solo, siempre encuentras a alguien con quien compartir tu felicidad. Sin embargo, pienso que si viajas con tu mejor amigo o con tu pareja vas a fortalecer una relación para toda la vida.
¿Cómo escoger la bici? La bicicleta ideal puede ser cualquiera, por tallas y hay que adquirir la que se adecue a tu tamaño. Se debe ajustar la altura de la silla y la distancia del manubrio, para una postura cómoda y prevenir lesiones. Lo ideal es que la bici sea resistente y sencilla para conseguir repuestos fácilmente.
¿Una bici de ciudad o de montaña? Mejor una híbrida de ciudad y de montaña. En mi caso, armé una specialized Work 1 con cambios de shimano de montaña de 9 velocidades (para subir suavemente) y frenos V-brake (más fáciles de reparar que los de disco). Invertir en una buena silla vale la pena. Se recomienda una delgada y con gel (antiprostática, para los hombres).
¿Y si se vara en el camino? Hay que llevar repuestos, como pastillas de frenos, radios para las llantas, dos neumáticos, una llave multifuncional y grasa para la cadena, además del kit para despinchar y una bomba de aire. La bici es un medio de transporte extremadamente noble: no necesita demasiado mantenimiento y su mecánica es básica, tal vez por eso es la mejor nave para viajar.
¿Y el equipaje? Al empezar el viaje se van a llevar muchas cosas, pero con el tiempo se descubre qué es necesario y qué no. La ropa sucia se lava en los hostales (en la misma ducha o en el lavamanos si no hay lavaderos), en lavanderías o en los ríos. el equipaje se puede distribuir en la bici usando alforjas (la forma más común) y adaptando parrillas. La otra forma es adaptando un carro trasero (forma menos usada, pero funciona también).
¿Qué prendas recomienda? Dos camisetas transpirables, dos de algodón, tres piezas de ropa interior, un pantalón convertible, unas bermudas, un par de tenis, un par de zapatos para ciclismo, una chaqueta para lluvia, otra de alta montaña, guantes para bici y para el frío, dos lycras para ciclismo (larga y corta), un casco, una linterna frontal.
¿Qué fue lo mejor? La satisfacción de cumplir un sueño. He conocido lugares que nunca imaginé visitar y los he vivido intensamente. He experimentado la bondad de la gente, y aunque viajo solo, nunca me ha hecho falta una mano amiga. He compartido experiencias con personas de diferentes países y culturas que me han enriquecido mental y espiritualmente.
Los cinco lugares preferidos del viaje
  • Cordillera Blanca, Perú
  • Trampolín de la muerte, Mocoa (Putumayo, Colombia)
  • Parque nacional el Cajas (Ecuador)
  • Paso de Jama, entre Chile y Argentina
  • Carmelo, junto al río de la Plata (Uruguay).

Fuente: El Tiempo

Ben es un chico belga de 22 años, no lo conozco, pero el hecho de estar inmerso en el cicloturismo hace que te encuentres con ellos de una u otra forma.

Como muchos otros él decidió salir a cumplir sus sueños de viajar por el mundo. Llegue a su sitio web “Another Horizon” después de hacer clic en uno de sus videos, me emocionó. En su sitio documenta el viaje y de una forma u otra transmite a sus familiares y amigos, la intensidad con la que está viviendo el mismo.

“Me encanta viajar en bicicleta por su sencillez, uno puede despertar en la mañana, poner todas sus pertenencias terrenales en la parte trasera y cambiar de panorama rápidamente. Es una existencia nómada verdaderamente. Creo firmemente que no hay mejor manera de explorar, sentir y sumergirse en un paisaje y la cultura que a través del cicloturismo… tal vez las palabras de Ernest Hemingway pueden explicar mejor lo que estoy tratando de decir:
“Montar en bicicleta es conocer mejor los contornos de un país, sudas en las colinas y te deslizas en las bajadas. Así que te acuerdas de ellos, ya que son una realidad.”
Clic aquí para conocer otros cicloviajeros que serán tu inspiración.

Carlos E. Carvajal

La familia Hervé puede contar una de esas historias que deja a cualquiera con la boca abierta. Su vuelta al mundo empezó en 1980 cuando Fraçoise, una decoradora de 23 años y Claude, técnico ortopédico, de 26, decidieron dejarlo todo y dar un paseo por el mundo a borde de sus bicicletas.

Durante su camino, siguiendo más o menos los pasos de Willy Fog, pararon a trabajar en un campo de refugiados camboyanos fabricando prótesis, o en la India en las leproserías de la Madre Teresa en Calcuta. El embarazo de Françoise, a los 8 años de empezar su ruta, no siginificó el fin del viaje, aunque sí un cambio de ritmo.
Pararon unos meses para permitir que tanto madre como hija se recuperaran del nacimiento y después siguieron casi seis años más hasta volver a Francia, donde viven ahora y siguen organizando conferencias sobre estos y otros viajes. En Amazon entre otras tiendas podrás ver el libro que escribieron sobre el viaje.

Fuente: Mujeres Viajeras

Adecuamos a la bicicleta de montaña de Pietro un portaequipajes y alforjas, hicimos algunos ajustes para que estuviera más cómodo, le enseñé a elegir todo lo necesario para llevar. En carretera, a pocos minutos de comenzar esta microaventura, vino la magia y esa sensación de libertad.

Me encontraba sentado en un cafecito del parque de Jardín, Antioquia. Tomaba un tinto y disfrutada de los bellos atardeceres de este encantador municipio, cuna del suscrito además. “Ese “man” fue el que le dió la vuelta a Sur América en bicicleta, vamos a conocerlo, le dijo Carolina al desinteresado y futuro cicloviajero”. Andaban de turismo él y sus amigos…
Fue así que conocí a Pietro. Un tipo agradable, gracioso y hasta inteligente. Su asunto no eran las bicicletas, andaba en moto y planeando viajar en ella por el sur. Pues bien, días después coincidimos de nuevo y hasta una caminata nos hicimos con un grupo de amigos a esa hermosa montaña que es Cerro Bravo. Resulté después de un par de días contándole mis experiencias y consejos de ruta, para su futuro viaje.
Mientras él andaba en su aventura, La Fiesta de la Bici crecía en adeptos en Medellín, también el movimiento de ciclismo urbano se consolidaba con otros emprendimientos ciudadanos. A su regreso en un viaje relámpago que lo llevó a Argentina el hombre vino trasformado, encontró algunos cicloviajeros y más de lo que buscaba, recuerdo oírlo decir, quiero conocer y viajar, pero más lento…
Vendió su moto y me dijo que quería ensamblar una bicicleta viajera, rápidamente le ayudé con ese tema, con él es diciendo y haciendo. A los pocos días ya estaba subiendo las Palmas, pronto lo llevé a la Catedral y a las trochitas de Caldas. Feliz andaba, tanto que comenzó a ir al trabajo en bicicleta también.
Con su estado físico en recuperación y sintiendo esas mágicas cosas que solo el que va en bicicleta puede describir, ya era hora de dar un paso más allá e intentar salir de la barrera geográfica que para la mayoría es el Valle de Aburrá. Le instalamos un porta equipaje a su nave, compramos un par de alforjas, miramos mapas, le enseñé a empacar y a definir que llevar, algunos truquitos le dije y más.
Quien verdaderamente está interesado no se queda solo con lo que le dice otro, así que leyó, esculcó y hasta un par de buenos accesorios instaló a su bella flaca. Era esta la iniciación de un cicloviajero, elegimos ir por la Tolva a Fredonia y de allí a Puente Iglesias, donde tomaríamos La Oculta para pernoctar en Támesis. Fue un día largo, llegamos de noche, pero felices.
Al día siguiente, desayunamos temprano y tomamos la ruta que nos llevaría a Río Frio, allí elegimos llegar a Buenos Aires por la carretera que nunca se terminó, faltaron 1.000 Metros. Un par de cervezas en el camino, risas y pedal. A eso del medio día llegamos al tramo aquel donde hay que cargar las bicis al hombro, para mi sorpresa el hombre quería y más. Después de llegar al pequeño corregimiento de Andes, tomamos un par de caminitos secundarios que nos llevaron a Jardín.
Al día de hoy ya hemos hecho varios viajes, incluso traspasando las fronteras del departamento. Él ha encontrado sus razones para viajar y también su ritmo, ya es alguien del camino. Estoy seguro que pronto lo veremos pedaleando por el mundo…

Carlos E. Carvajal

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